¿Qué soy yo?

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Me gusta el ejercicio que propone Frank Kinslow en el libro ‘La Curación Cuántica’ para detener los pensamientos. Propone observar el fluir de tus pensamientos durante unos minutos, luego te haces la pregunta ¿Cuál será el siguiente pensamiento?, o puedes también preguntarte ¿Cuánto tiempo hay entre un pensamiento y otro?, ¿Hay colores en los pensamientos?. Es un experimento curioso que te lleva a diferenciar los pensamientos de aquello que observa esos pensamientos. De esta sencilla manera entiendes que hay algo más allá de tu mente, un algo o un vacío. Que tú puedes situarte en ese otro lugar y desde allí observar tus propios pensamientos. Ser el espectador.

Y entonces surge la inevitable pregunta existencial. Si como dicen las enseñanzas del yoga, tu no eres tu cuerpo, ni tu mente, ni tan siquiera tus emociones, entonces ¿que soy yo?.

Esa es una pregunta para la que yo no tengo respuesta. Y hay muchas: somos energía, conciencia, somos seres espirituales, somos Dios, el Self, etc. Hay infinidad de respuestas, pero no me interesa navegar en un espacio hipotético, prefiero lo que propone Avihay “No te creas nada, experiméntalo”. También nos dice Avihay que intentar entender el ser desde nuestra mente es como querer “comer la sopa con un tenedor”, inútil. Simplemente nuestra mente no puede abarcarlo, no es la herramienta adecuada. Así pues no es una cuestión que se pueda resolver con creer, ni entender, pero se puede intentar experimentar.

La mejor manera que conozco para experimentarlo es la meditación. Entrar en la paz, dejar a un lado el cuerpo, los sentidos, pensamientos, emociones y entrar en ese espacio infinito donde aquello que nació y vive queda como dormido y sin embargo sigues teniendo conciencia de ser.

Es más fácil prensar que somos como cualquier criatura del planeta: vida que nace, crece, se marchita y desaparece. Eso estaría bien si así pudiera sentirme en paz, pero a mi no me basta porque siento la atracción del vacío, del inconsciente y durante mucho tiempo esa atracción me provocaba miedo. Miedo a desaparecer, al infinito, un vértigo angustioso. Ya no es así.

En las experiencias más profundas de meditación he encontrado paz y bienestar, incluso me he sentido acompañada, pero sobre todo he sentido amor. Amor como la fuerza más poderosa del universo, amor no como lo entendemos en la vida: dirigido de una a otra persona, sino como algo inabarcable y como una luz, abierto a todo el que lo reciba, sin origen ni propósito. Amor como una fuerza que te envuelve, que te inunda y que hace que todo tenga sentido. Y es algo tan maravilloso que cuando lo experimentas ya no existe el miedo, todo lo contrario, simplemente es allí donde quieres estar, en el amor.

De todas las respuestas posibles esta es la que mas me gusta, somos AMOR. O quizás conciencia que evoluciona hacia el amor. Pero esto solo es jugar con el tenedor 😉

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