La perspectiva no dual

Estándar

Ya parece que el título hay que explicarlo porque tiene miga. Esta es una de esas cuestiones que intento comprender, pero lo consigo sólo en parte. Avihay explica que toda dualidad es sólo producto de nuestra visión particular, que no existe división entre el bien y el mal, vida y muerte, luz-sombra. Todo es como una imagen del ying y el yang, desde el mediodía ya empieza la noche y a la medianoche ya comienza el día siguiente.

Cuando empiezas a meditar cambian tantas cosas en tu forma de entender la vida que resulta sorprendente ver como poco a poco se van integrando algunas polaridades, sin embargo a más cambio, más retos nuevos aparecen: amigo-enemigo, salud-enfermedad, acción-reacción, víctima-verdugo, yo-tu. Yo he descubierto en la práctica de las terapias un aprendizaje de mi propia personalidad y de mis relaciones con los demás, son una herramienta muy valiosa, se comienza estableciendo una separación entre terapeuta-paciente, con la experiencia se ve que esta separación no existe. Cada vez que nos emparejamos para hacer algún ejercicio se produce algún tipo de comunicación sutil e inconsciente, de tal modo que uno termina reconociéndose en otro, o reconociendo en el otro nuestras proyecciones. En las terapias ‘trascendemos la polaridad’ del paciente-terapeuta. Ambos somos lo mismo, genial, así hacemos dos terapias en una. En otras terapias en las que experimentas vivencias distintas de nuestra vida actual, llámese imaginación activa o vidas pasadas, te identificas con personajes muy diferentes a veces rico, otras pobre, a veces dominante otras sumiso… así caen las polaridades víctima-verdugo, amigo-enemigo. Sin embargo hay cuestiones que me cuestan mucho más, casi me resisto a aceptarlas. Me cuesta acercarme la enfermedad, la desidia, infelicidad… queda tarea.

El trabajo es complejo, no en vano hemos sido educados en la dualidad: papá-mamá, aprobado-suspenso, soltero-casado, nacional-extranjero, culto-ignorante, rico-pobre, empleado-parado. Lo clasificamos y etiquetamos todo, prejuzgamos, es mucho más fácil así, no tenemos que pensar mucho ni valorar por nosotros mismos. Incluso los sistemas sociales se encargan ya de etiquetarlo por nosotros, es una respuesta automática de nuestra mente, los medios nos dicen ‘es un indigente’ y ya no vemos a la persona ni nada más, vemos el modelo que nos han inculcado.

Tal como yo lo entiendo, deshacerse de las polaridades es un trabajo profundo, es renunciar a mirar las cosas sólo desde la mente pues sabemos que está educada conforme al patrón social actual y su trabajo es clasificar las cosas. Es soltar los prejuicios y atreverse a sentir, a valorar lo que te dicen tus propios sentidos. Incluso salir del complejo del yo y verlo con otros ojos, verlo como si no fuese uno mismo quien lo observa, sino otra persona. Y es duro también porque a menudo cuesta trabajo asumir que nuestro punto de vista estaba equivocado o influenciado, cuesta mucho zafarse de los prejuicios, reconocer el error, retomar la proyección eso que pensábamos que era un problema del otro pero es nuestro.

Asumir la responsabilidad de ejercer tu libre albedrío. Ahí es ná.

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