Respirar

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Respirar es lo que hacemos de forma inconsciente desde el momento que nacemos hasta que ‘expiramos’ por última vez. Respirar es importante, pero es mucho más que un mero intercambio de oxígeno por elementos de desecho, por algo el yoga lo considera uno de los principios fundamentales, el Pranayama, la ciencia o el arte de la respiración.

Nuestra forma de respirar dice mucho de nosotros. Una respiración adecuada debe de ser rítmica y llegar desde el bajo abdomen hasta las clavículas, siempre por la nariz. Sin embargo nuestra forma de vida modifica la respiración, con frecuencia se vuelve superficial, relajamos el abdomen que se vuelve inactivo y movemos levemente el pecho. Cuando el cuerpo reclama más aire, suspiramos o bostezamos. Respiramos de forma relajada o con ansiedad, de forma natural o con dificultad en caso de esfuerzo o problema de salud, pero casi siempre de forma inconsciente.

El yoga nos propone un ejercicio simple, la respiración consciente. Así empiezo yo la meditación. Hacerme consciente de cómo respiro, a qué partes del cuerpo llega el aire, cuanto tarda la inhalación y cuánto la exhalación, si ambas fosas nasales reciben aire por igual, si hay pausas, poco a poco la respiración se va haciendo más amplia y profunda, rítmica. Y con ello llega la calma. También al acostarme practico la respiración consciente, es una buena manera de atraer y entrar en el sueño. Unas cuantas respiraciones conscientes y completas hacen mucho, oxigenar nuestro cuerpo, eliminar toxinas, corregir nuestra postura, activar la musculatura, al mover el diafragma damos un suave masaje a nuestros órganos internos y los recolocamos, ayuda a la digestión, activa la circulación, calma la mente, relaja las tensiones… Si tenemos una molestia o un dolor podemos inhalar ese dolor y exhalar alivio, también funciona con una preocupación.

Con todo, según los maestros de yoga respirar es aún más. El aire está cargado de prana, la energía del universo, cuando respiramos nos cargamos de la energía del prana. De forma intuitiva, cuando llegamos al campo o a la playa nos apetece respirar profundamente, recargarnos del prana que abunda en los espacios naturales y bellos. Abrimos los brazos y nos llenamos de energía, ¡que gozada!

Lo curioso es pensar que igual que la vida nos cambia la forma de respirar, nosotros también podemos cambiar nuestra forma de vivir mediante la respiración. Si necesitas concentración: respira, si necesitas calma, si te sientes cansado, ante una situación complicada, si te encuentras frente a alguien alterado, ¡respira!, el efecto es contagioso.

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Un comentario »

  1. Me gusta lo que has escrito ¡¡le damos tan poca importancia al respirar!! Total, se hace en automático y casi ni te enteras. El año pasado me propuse profundizar un poquito en el pranayama y ante mi se ha abierto un mundo de posibilidades.

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