Abrazar y soltar

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De todas las lecciones que he aprendido con Avihay, yo creo que esta es la principal. No digo que la más importante, pero sin duda es fundamental para iniciar mi camino del alma. Y además es como comer, necesitamos hacerlo todos los días.

Al alejarnos de la vida consciente y entrar en estado de sueño o de meditación es normal que precisamente en ese momento nos hagamos conscientes del torbellino de emociones, preocupaciones, pensamientos que nos rodean. Con la meditación aprendemos a colocarnos en el centro del tiovivo y verlos pasar, pero a veces son tantos que marea y otras veces no conseguimos separarnos de ellos, no nos dejan descansar.

Cuando vemos que alguna de estas cuestiones no nos quiere dejar, de nada nos sirve intentar negarla, es inútil mirar a otro lado, te persigue. El método consiste en dejar que venga a nuestro lado, sin rabia, sin rencor, pero si con cariño y compasión: ABRAZAR esa situación, aceptando todo lo que trae sin reparos: tristeza, dolor, miedo, frustración. Acogerla en nuestro corazón como si fuese un niño perdido y malherido al que tenemos que curar y sanar con paciencia y cariño. Sin juzgarnos, sin criticarnos, comprendiendo que nuestra vida es un proceso de aprendizaje y que a menudo nos vemos limitados por las circunstancias.

Desde el corazón llega un entendimiento muy diferente al de la mente, hay una compresión mayor, son más evidentes las necesidades reales  y todo lo que son influencias o condicionamientos pierden importancia. Muy a menudo hay una claridad sobre la respuesta a ese problema, a veces nos llega la solución o a veces se trata de simple aceptación. Aceptación, que no resignación, no desde el sentimiento de víctima sino desde la comprensión del camino que nosotros elegimos vivir libremente.

Se necesita una aceptación total del problema, ese es el primer paso para luego poder SOLTAR: cortar el hilo que nos ata al problema, dejarlo pasar, entregar los sentimientos negativos o inútiles al viento, la tierra, agua o fuego… y si el problema aún no tiene solución, guardarlo en una caja para que nos permita liberarnos de él hasta el momento que nosotros elijamos para afrontarlo. Y confiar, sabemos que aprendemos con el tiempo, que los problemas se resuelven, que el tiempo ayuda a curarlo todo. Confiar en el bienestar presente y futuro. Así vamos despejando de elementos el tiovivo y podemos al fin ver la luz del sol y disfrutar plenamente del paisaje.

Abrazar y soltar desde el corazón es una herramienta poderosa. La mente rodea los problemas, los analiza, busca alternativas, pone en práctica soluciones, pero todo desde una distancia. El corazón entra directo en la esencia del problema y lo transforma. Recuerdo la experiencia de una psicóloga que en uno de los retiros de Avihay, después de practicar meditación y terapias se sorprendía de que en un proceso de horas se produjesen cambios que en una terapia de psicoanálisis pudiesen durar años. Lo decía desde su experiencia personal y profesional. Y así lo he experimentado yo.

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