Las Terapias del Alma

Estándar

Un buen día Avihay anunció que dejaba las clases de meditación a las que yo acudía, porque quería centrarse en la formación de las Terapias del Alma. A muchos del grupo de meditación les pareció una idea estupenda lo de formarse en terapias del alma. Sin embargo a mi eso de las terapias me sonaba muy raro, no me veía ni de terapeuta ni con las facultades necesarias para desarrollarme en eso. A decir verdad, lo esotérico me parecía fantasía.  Pero Avihay me invitó a probar y así comencé. Al menos continuaría con el grupo de meditación.

Creo que no falté ni a uno solo de los días de clase. Cada día era una trasformación, un descubrimiento. Primero Avihay introducía un tema, algo así como: ‘’Hoy vamos a ver cómo llegar al fondo emocional de un dolor” y yo mentalmente pensaba ‘¡¡Anda ya!!’. Luego meditábamos y hacíamos las prácticas. Invariablemente, cada día era una sorpresa para mi, un milagro. La maravilla de contemplar hasta qué punto nuestro cuerpo manifiesta cada vivencia experimentada, de reconocer que la realidad física que conocía ignora los aspectos sutiles de la energía que somos, al igual que cualquier otro ser del universo. El milagro de sanar los condicionamientos, las memorias grabadas en nuestro ser material o inmaterial. Descubrir que en nuestra naturaleza está el ser amorosos y felices, encontrar la manera de liberar a ese ser que llevamos dentro y que casi no reconocemos cuando lo enfrentamos. El reencuentro con la intuición, sentir, compartir.

Con las prácticas terapéuticas los componentes del grupo nos íbamos abriendo, mostrándonos y reconociéndonos unos en otros. Sanando heridas del alma con la supervisión de Avihay. Creando una relación de afecto y unidad muy especial. Un cambio evidente en las caras y la actitud de las personas que se reflejaba cada al salir de clase: fiesta de abrazos en la despedida. Corazones  abriéndose como flores, ¡cuánta belleza!

Aunque mi escepticismo no era menor, y yo seguía con ese ‘¡¡Anda ya!!’ mental al principio de cada clase, tengo que admitir que llegado un tiempo del primer curso, esa nueva visión del ser y de la vida, me fue resultando cada día más natural. Como si lo que experimentaba no fuese un descubrimiento nuevo, sino algo que tenía olvidado y que estaba recordando, día a día. Para mi sorpresa me encontré practicando terapias hasta con familiares y amigos. Esa nueva forma de ver y entender la vida me gustaba mucho más que la anterior, así que cogí la palabra ‘creer’ y la aparté a un lado. Dejé de cuestionarme las cosas y me centré, tal como propone Avihay, en comprobar desde de mi propia experiencia, desde mi práctica personal y las experiencias con los compañeros del grupo. Aprendí a confiar desde mi propia experiencia.

Ya han pasado los dos años del curso y estoy feliz de haber tenido la oportunidad de hacerlo.  Realmente ha sido una transformación personal. No puedo más que decir, desde el fondo de mi corazón: Gracias Avihay y gracias TDAs.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s