El amor incondicional

Estándar

Desde que empecé este camino del alma, he empezado a ver la vida de una forma no convencional. Como no convencional entiendo no sujeta a los protocolos y enseñanzas aprendidos en lo que llevo de vida: educación pública, religión católica, trabajo en empresa, familia, amigos, casa, noticias, televisión, etc. Ahora me cuestiono la ciencia aprendida, el concepto de ser humano, el objetivo de la vida, la importancia de las relaciones y posesiones, la importancia del bienestar físico… Se han abierto ante mí tantos horizontes, dejando atrás lo insustancial, que la noción de ‘amor incondicional’ que podría tener anteriormente tiene ahora una profundidad y una dimensión totalmente distintas.

La definición es sencilla, es amar sin cuestionar nada, sin esperar recompensa: incondicionalmente. Es la enseñanza con la que Jesús resume todas sus enseñanzas:”amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Pero ¿qué pasa con la práctica? Aparte de la educación religiosa, no encuentro en la sociedad en la que vivo que el amor que nos podamos dar sea un valor digno de ser considerado. Al contrario, parece que es de tontos. No me cabe ninguna duda, es un tremendo error.

Cada día lo tengo más claro, no hay nada más bello en la vida que dar y recibir amor. Fijaos en este ejemplo: Breakfast, lunch and hugs at Tim’s Place. Tim es un síndrome de Down, un tonto con certificado según la visión convencional. Creo que es una noticia que se consiente por su discapacidad; cualquier ejemplo similar de solidaridad y amor, y me consta que los hay por todas partes, recibe un tratamiento de crítica y censura, se ridiculiza. Sólo pensad por un momento en la opinión que podría suscitar que lo haga la cajera de tu súper o quien te despacha la gasolina, tu médico, el empleado del banco. Y ahora, de corazón, pensemos qué visión es la que nos gusta más, la de Tim o la de “Maléfica: no creas en cuentos de hadas”. ¿Ha cambiado vuestra opinión? Puede que no sea casual, puede que nuestros prejuicios estén condicionados y planificados.

Me apunto al reto de cambiar mis condicionamientos y abrirme al amor incondicional. Ese amor que uno siente al tener un bebé en los brazos, el que sientes cuando te enamoras verdaderamente, el que ves en los ojos de tu perro. Creo que casi todos hemos podido experimentarlo, pero ¿cómo extenderlo a cada gesto y cada momento de tu vida? Ese es el reto.

El Dalai Lama ha escrito un libro: ‘Los siete pasos hacia el amor’, en él analiza los obstáculos que tenemos que vencer y cómo avanzar en el amor. Primero sintiendo amor hacia nuestros seres más queridos, expandiéndolo luego hacia los que nos son indiferentes y, lo más complicado, extendiéndolo hasta aquellos que consideramos nuestros enemigos. Esto último es lo más complicado, naturalmente. Dice el Lama que si entendemos que todo ser humano anhela ser feliz, es nuestra naturaleza, pero los que actúan con maldad lo hacen por ignorancia. No son conscientes de que voluntariamente se infringen dolor y destruyen su felicidad con su  mal comportamiento. Si nos quedamos con ese pensamiento, podemos llegar a sentir amor y compasión.

Creo que llegar a experimentar el amor incondicional es para mí la mayor lección que puedo sacar de esta vida, un reto y una aventura apasionantes.

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