El juego de los espejos

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Dicen que uno solo está preparado para ver aquello que conoce, entonces  todo lo que vemos son imágenes grabadas anteriormente en nuestro cerebro. Llevando esta idea al extremo puedo asumir que la realidad que yo percibo es un juego de espejos en el cual proyecto mis ideas, prejuicios, sentires… Todo está dentro de mí o la realidad la crea uno mismo. Ciertamente cuando uno está en un momento negro, lo ve todo así, negro. Y cuando se enamora ¡todo es rosa! Si creo que vivimos en esa realidad que nosotros mismos creamos consciente o inconscientemente, aunque de vez en cuando algo remueve nuestros esquemas y de ese proceso aprendemos algo nuevo.

Según Miguel, en su Tesis, “el mecanismo de la proyección es inconsciente. Uno no la hace, sólo puede llegar, tal vez, a reconocerla. Mientras que permanezca inconsciente, cualidades personales negativas ó positivas, pueden ser vividas a través de los demás, produciendo una sensación cada vez mayor de aislamiento. Sólo la retirada de la proyección permite conocer verdaderamente al individuo ó a una colectividad tal y como es”.

Para mí la proyección es similar a lo que Avihay llama espejos, yo lo entiendo como un aspecto de nosotros mismos que no reconocemos como propio pero que nos llama la atención en otros. En la práctica de las terapias es algo que en seguida nos llamó la atención a todos, cuando hacíamos de terapeuta, normalmente el paciente manifestaba algo que nos afectaba a nosotros mismos, de esta manera la terapia era doble: para el paciente y para el terapeuta. ¿Cómo actúa el juego de los espejos? No hay casualidades, el paciente inconscientemente reconoce alguna característica propia en el terapeuta y eso condiciona el tema que se manifiesta espontáneamente.  El terapeuta por su parte, cree que ayuda al paciente (que también), pero en realidad está manifestando un problema personal y tratándolo con su experiencia y sabiduría a través del paciente.  Esto también es inconsciente para el terapeuta, al menos inicialmente.

Después de aprender que proyectamos, viene el trabajo  de retomar la proyección o reconocerme en la imagen del espejo. Este es el paso que nos hace conscientes de que aquello que ‘vemos’ en el otro, no es más que una imagen proyectada desde nosotros. Al reconocer y absorber la proyección asumo como propia esa situación y puedo trabajarla como una situación personal. Así, si en el otro veo una actitud ‘infantil’, puedo preguntarme ¿cuándo soy yo infantil? Reconocer las proyecciones es un trabajo muy duro, es mucho más cómodo echar la basura fuera, creer que el otro es el que tiene un problema, no soy yo. ‘Me trata mal’, ‘no me entiende’, ‘necesito que me quieran’, etc.  Sin embargo el trabajo tiene una recompensa inmensa, significa dejar de sentirse víctima de una situación, sin duda vale la pena hacerlo. Al retomar mi proyección en el espejo, me hago cargo de eso que veo enfrente y de forma consciente puedo cambiar esa imagen a lo que realmente deseo expresar, si necesito comprensión, expreso comprensión, si es afecto, expreso afecto. No es fácil, es un proceso de cambio y exige mucha atención y trabajo, pero con el tiempo me he dado cuenta de que puedo cambiar mi realidad sustancialmente.

Y aún más, igual que nosotros proyectamos, a veces uno actúa como el espejo en el que otras personas se miran sin reconocerse. Yo lo siento como un cambio de actitud que se produce en mí cuando estoy frente a otra persona y me resulta incómodo porque lo siento forzado, siento que no soy yo. Así, si uno tiene un carácter ‘infantil’ del que no es consciente, otra persona que quiera desarrollar su infantilidad nos buscará, activando este carácter en uno. Ser consciente de ese carácter ‘infantil’ me dará la libertad de escoger cuándo actuar de esa manera y cuando no, sin sentir que estoy a merced de lo que el otro provoca en mí. Y si alguna persona provoca cierta actitud en mí, puedo también preguntarme ¿Que parte de mí atrae esa actitud? En definitiva, todo es aprender de lo que proyectamos.

Desde que estoy en este trabajo, veo espejos por todas partes,  cada vez más la vida me parece eso: Un juego de espejos.

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