Los rituales

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Recuerdo escuchar a Avihay “ahora os voy a proponer un ritual” y automáticamente poner mis sentidos en alerta, ¡atención, peligro! Al igual que me pasa con la disciplina, este es otro tema que activa mis mecanismos de defensa.

Sin embargo he aprendido que los rituales me son muy útiles si los diseño yo, nada de imposiciones ni rigideces. Por ejemplo, siempre que tengo tiempo y no me duermo inmediatamente, al acostarme me gusta repasar mentalmente los acontecimientos del día y buscar tres momentos realmente felices. Tiene que ser algo importante, por lo que haya valido la pena nacer y vivir. Para mi puede ser algo tan simple como un atardecer o una sonrisa. Puede que si he dedicado el día a tareas rutinarias o he hecho las cosas sin ilusión, me cueste encontrarlas, pero eso me lleva a la siguiente cuestión. Después de elegir tres momentos felices del día, me propongo elegir un deseo para el día siguiente. Por ejemplo, encontrar el tiempo de paz que necesito, que tal cuestión se desarrolle sin dificultad, encontrar la solución a un problema, etc. Sólo un deseo por día, no es poco. Luego me entrego al reparador descanso.

Otro ritual que me gusta es el de convertir la higiene personal en algo más. Por ejemplo, al despertar me lavo y con ello siento que limpio las sombras de la noche. Al llegar a casa cuando me lavo, siento que con el agua se van también las tensiones del trabajo y ‘limpio’ todo lo que no es mío. Cuando me peino, hago que los pensamientos que no necesito se vayan de mi mente.

Desde luego para meditar o practicar yoga, vienen bien algunos protocolos que yo adapto a mis gustos y a las circunstancias, incienso, luz, música, aromas, respirar, un canto o un mantra, etc. Más rituales.

A medida que incorporo estos y otros rituales a mi vida, me doy cuenta de que son muy útiles. Me ayudan a mantener las costumbres que considero sanas para mí. Me ayudan a mantenerme constante, perseverar, sin ellos olvido los hábitos saludables, me descuido. El ritual tiene algo que cuando lo hago con interés, me permite recordar los destalles que de otro modo me resultaría difícil recordar. Por eso los mejores rituales son los que uno mismo se crea, así yo les puedo poner los ingredientes que necesito para que me resulten cómodos y atractivos. Cambiarlos según mi deseo y necesidad.

En definitiva, me he reconciliado con los rituales porque ya no son un corsé ni una imposición, son las pautas que yo me marco y que me ayudan a mantener y recordar hábitos saludables. Mucho mejor si traen la paz y la belleza que tanto abunda en nuestro mundo, pero que a ratos me cuesta encontrar.

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