Activar la intención

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Tengo en mi mente la dulce imagen de mi chiquitilla jugando al parchís. Cuando quiere que le salga un número al tirar el dado, coge el cubilete con las dos manos, se las acerca a la boca, cierra los ojos y muy concentrada, como si estuviese rezando, dice ‘por favor, por favor…’  Si no le sale el número, no pasa nada, pero si le sale … ¡Qué explosión de alegría! … Tiene clarísimo que le ha salido porque ella lo pidió.

Esto es lo que significa para mí activar la intención. Sencillamente: tener un objetivo claro y expresar el deseo de que se realice. Cuando somos niños tenemos una mente abierta, es más fácil confiar. A medida que nos hacemos adultos nos volvemos más recelosos, bien porque nuestra cultura reprime ese comportamiento o porque la frustración de las expectativas no alcanzadas nos hace desestimar su valor. Y es una pena porque a menudo me veo y veo en la gente que me rodea que nos negamos algo porque decimos: ¡Y para qué! si seguro que me dice que no. Ni siquiera le damos una oportunidad al si.

Y por muy simple que parezca, es una herramienta asombrosa. Yo estoy aprendiendo a utilizarla de nuevo, porque encuentro que había malinterpretado su mecanismo y despreciado su valor. Creía que podría controlarlo con la voluntad, pero así no funciona. Ahora lo practico de otro modo: cuando me enfrento a un problema o una dificultad, intento descartar las trabas de mi mente, pensar en como me gustaría a mi que fuese esa situación y activo el deseo de se organice el mundo para que resulte según mis deseos. Un ejemplo, tengo que ir a una reunión pero no me apetece. Primero me cuestiono por qué no quiero ir y por qué no me apetece, antes que nada hay que aceptar la responsabilidad del libre albedrío: no aceptar nada por obligación. Si no quiero ir no voy y punto. Puede ser que quiera por alguna razón, pero que me pese por la sospecha que va a ser aburrido o cansado. Entonces activo la intención de lo que deseo: aunque la reunión sea algo pesada, yo encontraré la manera de divertirme. O para evitar cansarme demasiado, buscaré mi comodidad o me iré antes. Imagino maneras en que puedo convertir eso que era un problema en una situación ideal, activo la intención y para mi sorpresa, muy a menudo algún cambio se produce. A lo mejor no es el entorno, soy yo, pero lo que importa es que el cambio es para mejor. Es maravilloso y muy gratificante.

Es importante tener en cuenta que es una herramienta delicada, no la puedes presionar ni forzar, tampoco albergar expectativas sobre su resultado, porque entonces no funciona. La intención no es voluntad, no se puede negociar, ni tampoco sirve el empeño. Yo creo que es así porque la voluntad viene de la mente y obedece a sus razones, pero la intención viene del corazón que tiene sus propias razones, a veces ni siquiera llegamos a conocer las razones del corazón. Voluntad es el puño, pero la intención es más fuerte, es como el agua que penetra y consigue más, mueve energías sutiles. Intención es una oración.

¿Te animas a probar?

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