¿Soy dueño de mi vida?

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Ahora caigo en la cuenta de que ya no tengo esos sueños donde me veía viajando en una nave o en un tren, sin saber el destino ni cuándo podría bajarme. Tampoco otros en los que mi cuerpo no responde, se mueve tan lentamente que no puedo escapar de alguna situación o se vuelve tan pesado que me tengo que arrastrar por el suelo. Durante un tiempo eran frecuentes.

Cuando he tenido estos sueños, los he interpretado como si yo no fuese capaz de gobernar mi vida, como si mi vida estuviese forzosamente conducida o guiada. Incapaz incluso de tomar control de mi propio cuerpo. En aquellos días ciertamente me sentía así con frecuencia, tantas cosas que hacer en el día que casi no tenía tiempo de darme cuenta ni de cómo pasaban los días. Y por esto me pregunto: ¿realmente somos dueños de nuestra propia vida?

Muchos tenemos la suerte de crecer pensando que somos dueños de nuestra vida, no todos tienen tanta suerte. Con la madurez me he dado cuenta de que no lo es tanto como pensaba. Sin darnos cuenta, todos vamos adquiriendo condicionamientos y cargas. Yo soy consciente de algunas de mis ataduras: la familia, el trabajo, la casa, los impuestos, el banco… Estas son las que yo elijo, yo me hago responsable de mi decisión y las acepto. Porque es mi deseo, asumo los beneficios y las responsabilidades de la decisión.  Hay otras muchas ataduras meramente físicas de las que soy inconsciente, es que son tan naturales que ni me las cuestiono: necesito el aire para respirar, agua, alimento, dormir, etc. Sobre esto hay poco que cuestionar, viene en el contrato de la vida.

Ya no tengo esos sueños y quizás sea porque he aprendido a parar, a meditar, a salir del teatro de la vida y contemplarla desde un centro en el que me siento más yo de lo que muestra mi proyección en el mundo. No lamento nada del proceso vital que me ha llevado a ser lo que soy. Pero también entiendo que lo que soy ahora, viene condicionado en mucha medida por todo lo que me ha rodeado y acontecido.

Me gustaría poder ir poco a poco apartando estas capas de condicionamientos, las decisiones asumidas, las cargas, las decepciones, ir quitando las capas de cebolla y llegar al centro. ¿Cuánto habrá por quitar de lo que aún no soy ni consciente? Ir marcha atrás en el tiempo y llegar hasta la infancia. O quizás antes, al momento de nacer. Conocer a ese ser que fui, tal y como vine al mundo. Cuáles serían mis ilusiones entonces, cuáles mis deseos y aspiraciones en la vida. Sería muy interesante llegar a ver las diferencias entre lo que me podría plantear entonces y lo que ahora siento. ¿Habrán quedado muchas cosas por el camino?

Quizás no haga falta aprender a viajar al pasado, quizás cualquier momento sea bueno para intentar llegar a ese punto cero, desprendido de toda experiencia vital y preguntarse: ¿Soy lo que quiero ser?

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