¿Que quieres ser?

Estándar

Me acuerdo cuando de pequeños nos preguntaban ¿y tu que quieres ser cuando seas mayor? Bien, ya soy mayor… ¿y ahora qué me queda? ¿A vivir cada día más de lo mismo? Ese es el destino que parece envolvernos irremediablemente en una rutina, sin darnos cuenta de que somos nosotros mismos quienes nos metemos en ella.

Observo que con frecuencia Avihay cierra sus terapias con una pregunta ¿cómo te ves en 5 ó 10 años? Nos propone imaginar cómo es esa vida que te gustaría tener, pensar en el futuro, igual que cuando éramos niños. ¡Me parece tan interesante!, casi un reto. Con sorpresa me doy cuenta de cuántos de nosotros hemos olvidado o renunciado a plantearnos siquiera esa pregunta. Tanto es así que a menudo nos quedamos reflexivos, no sabemos ni qué contestar.

Deberíamos practicar este ejercicio periódicamente, darnos el tiempo de desconectar de todo lo que somos ahora, aislarnos sólo por unos minutos, entrar en un entorno limpio de todo condicionamiento del presente y escuchar cuál es nuestro sentir, nuestro anhelo, el deseo profundo del alma. Ir perfilando esa imagen hasta visualizarla con detalle, recrear los lugares, las personas, las dinámicas. Dejar que esa imagen empape nuestro ser, recrearnos en la sensación. Sentir, experimentar cómo sería vivir así.

Acaso examinando en mi interior pueda encontrar que hay alguna ilusión que había olvidado, alguna tarea que retomar y que ahora es el momento de hacer, algún interés que hasta ahora no había tenido ocasión o tiempo de desarrollar. Haciéndolo consciente, ya me puedo plantear alguna forma eficaz  de ponerlo en práctica. Ya puedo trabajar para convertirlo en realidad, ya puedo cambiar mi presente para ir acercándome a ese futuro deseado.

En algún momento de mi vida pensé que llegar a cierta edad era como llegar a la cima de una montaña: ya he hecho lo más importante, ahora sólo me queda bajar. Pero algo ha cambiado en mí, ya no pienso así. Obviamente no es la misma vida la que nos podemos plantear a los 20 que a los 60 años, no van a ser los mismos objetivos, ni tampoco me motivan las mismas actividades. Igualmente, para mí es mucho mejor visualizar un futuro deseado que dejar que el devenir de cada día me lleve donde quiera. Entre otras cosas, porque eso me permite trabajar activamente para llegar a donde yo quiero ir. Y además porque me permite recuperar la ilusión y la alegría de hacer las cosas que yo elijo hacer, porque quiero y porque me gusta.

Te animo a hacer el ejercicio. Y aún más, a expresar esa visión contándosela a alguien o escribiendo sobre ello, ésa es una buena manera de promover un cambio en el futuro en esa dirección.

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