Las dificultades

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Hay rachas en las que parece que la vida es una especie de gymkana donde aparecen inesperadamente retos, dificultades que intento superar. Hay momentos en que son tantos que por más que quiera priorizar, termino agotándome.

En ocasiones parece que la vida no es más que eso, levantarse cada día, ver qué nuevas tareas nos tocan para acostarse después en paz, si has conseguido “tirar” de ellas satisfactoriamente. No tiene tan mala pinta si piensas en vivir como un superagente, estar preparado para una nueva misión, desarrollar las habilidades necesarias, conseguir resolver los casos, con un final tan feliz como pasajero. A mí no se me da mal del todo; con la conciencia de un soldado, puedo organizar y buscar alternativas hasta llegar a mi máximo, y un poco más incluso. Sin embargo no encuentro nada gratificante en ello. Llegar a la noche habiéndome entregado al máximo y habiendo conseguido los resultados esperados, no me aporta más que una cierta satisfacción y mucha tristeza, sensación de vacío. Siento que he vertido toda mi energía en el desempeño de unas tareas y me he descargado de la energía vital. Intento entender la causa y es que en modo “soldado” soy como un robot, no pongo alma en las tareas. Ahora tengo claro por qué me ocurre esto, entiendo que si las cosas no se hacen desde el corazón, o con el consentimiento del corazón, es que no vale la pena ni hacerlas. Ahora que lo entiendo, sé que ésa es para mí la sal de la vida, la energía que se mueve en un camino de ida y vuelta, también mi aprendizaje actual.

El otro día con Avihay practicábamos una técnica consistente en enumerar las dificultades que sientes en tu momento actual, a continuación hay que escribir cuál es la enseñanza que piensas que trae a tu alma esa dificultad. Mi compañero hablaba de la incomodidad, el malestar que sentía en su nuevo centro de trabajo. Al preguntarle “qué enseñanza piensas que te trae esta dificultad”, él contestaba: “Me hace más fuerte”. Pues sí, cierto, pero a mi no me valía esa respuesta, le faltaba ese ingrediente tan necesario para mí: corazón. Yo insistía, mira a ver si hay algo más, algo que tenga que ver con crecimiento personal, claro que te hace más fuerte, pero ¿puede ser que necesites aprender a sentirte cómodo en lugares en los que no lo estás de forma natural?, ¿a eliminar los prejuicios sobre situaciones, personas?, quizás aprender a valorar y proteger tus sentimientos en vez de esconderlos… Apareció la sonrisa en su cara y una respuesta. Esa respuesta por la que realmente valía la pena superar las dificultades.

Creo que la vida no está hecha para recorrer un camino de dificultades, ni para hacernos más duros, resistentes y capaces. Creo que cada dificultad es un camino de crecimiento que se abre ante nuestro ser y no tiene que ser necesariamente doloroso. Hay ejemplos impresionantes de personas que, incluso en los entornos más difíciles, han encontrado la manera de entregarse a su tarea con amor y alegría, como Teresa de Calcuta. El verdadero reto es reconocer cuál es el aprendizaje. Se puede hacer más o menos, mejor o peor, pero está claro que si tiene el ingrediente del corazón, entonces no sólo hago la tarea de la mejor manera posible, sino que además también es una lección y un aprendizaje para mí. Al final del día se nota, la energía salió y vino de vuelta 🙂

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  1. ¡Qué bueno! Encontrar la parte de “corazón” que hace que las tareas que nos presenta la vida signifiquen algo más que resolver problemas.

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