Amar la vida

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“Gracias a la vida, que me ha dado tanto”, cantaba Mercedes Sosa en esa hermosa canción… Ahora que comienza el buen tiempo, me basta con caminar por un descampado o cerca de un jardín para disfrutar de la exuberancia de la naturaleza. Las plantas reviven, aparecen las primeras flores, los colores, los olores, las mariposas. ¡Es tan bonito! Y así, sólo con eso, se abre mi corazón y me siento feliz.

Al menos hasta que veo pasar un avión con su estela venenosa, o me ahogo con el escape de un motor, o veo basura desperdigada, o que han arrancado los árboles de una plaza para poner cemento… Entonces la tristeza y la rabia se apoderan de mí. ¿Cómo es posible que seamos tan ignorantes y tan soberbios? Se nos ha olvidado lo que somos, nos creemos que podemos sobrevivir porque hay comida en el supermercado y le perdemos el respeto a la Tierra. El agua sale de los grifos y aún hay aire para respirar, pero no nos damos cuenta de que la contaminación nos envenena a nosotros tanto como al resto de seres del planeta. Creemos que nuestra felicidad se puede comprar: una casa, un coche, tecnología punta, moda y estilo, pero nunca es suficiente y vivimos en constante necesidad. Poco podemos hacer por sanar los males del mundo, pero hay que ir abriendo conciencias.

Vuelvo a mirar las flores y la vida que siempre encuentra un camino para expresar su belleza y vuelvo a respirar alegría. Agradezco a la vida, su inteligencia y capacidad de regeneración. Yo soy eso mismo: vida, naturaleza. Todos y cada uno de nosotros somos eso, parte del planeta; aunque lo hayamos olvidado. Por eso me uno a la alegría del sol, del viento, de la naturaleza que revive y florece, de la tierra que alimenta y las semillas que brotan, del agua que limpia y transporta los nutrientes, me uno a la vida y amo a la vida. Quizás ese amor que brota de mi corazón llegue también a sentirlo esa energía vital que se expresa en el planeta, seguro que si, porque somos lo mismo.

Siempre se puede hacer algo por el planeta. Pese a que la especie humana tenemos ese aspecto de plaga destructora e insaciable, también somos seres sensibles y amorosos. Siempre podemos devolver al ser, a la vida, el amor y la alegría de vivir. Deleitarnos con el magnífico regalo de un nuevo día. Y aunque sea sólo por un instante, sentir la unidad con todo lo que te rodea, aceptándolo y amándolo tal y como es. Sentir que el corazón que palpita, manda un eco de amor a toda la creación, que el aire que respiro recibe y transmite energía amorosa. Sentir, amar y confiar que recordaremos lo que somos y volveremos a vivir en paz y armonía con la vida. No somos simples individuos, somos la vida misma y lo que mueve la vida, el propio Ser.

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