El reconocimento

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Es una cuestión muy importante para nosotros, interviene en  la forma en que construimos y moldeamos nuestra persona. Desde pequeños, si no nos sentimos reforzados o animados, nuestro desarrollo se ve afectado. De mayores lo buscamos en los padres, los amigos, en la profesión, en la sociedad.

Hay quienes tienen una motivación muy fuerte, seguridad en sí mismos y sin importar la opinión de los demás se expresan abiertamente, hacen lo que consideran oportuno. Son líderes, personajes que rompen con lo establecido, creativos, pioneros. Pero para la mayoría de nosotros, la opinión de los demás importa, y mucho. Necesitamos el reconocimiento para saber que lo que hacemos es útil, que nuestra contribución a la familia o a la sociedad es importante, se valora y se agradece.

Buscar el reconocimiento es quedarse a la espera de la respuesta que esperamos, poner en otros la capacidad y el poder de valorarnos, de juzgarnos. En consecuencia, cuando buscamos el reconocimiento cedemos la capacidad de desarrollarnos y crecer según nuestros propios deseos o necesidades. Hasta el punto de perder el contacto con esa parte de nuestro ser que intrínsecamente somos, esa esencia que tiene sus necesidades, sus anhelos, sus deseos. Perdemos el contacto con nuestro propio corazón y  nos convertimos en un producto ajeno, hecho a la medida, gustos y caprichos de otros a quienes hemos otorgado ese poder.

Considero que una parte de reconocimiento es importante para la mayoría de las personas. Sin embargo, moverse entre eso y el extremo de perder el contacto con nuestra esencia, requiere un equilibrio muy complejo. Requiere equilibrio, trabajo y constancia.

El trabajo de concederse el tiempo necesario para parar, conectar con el corazón, sentir y dejar que se exprese según su propia naturaleza. Concederse el espacio, ese espacio donde te sientes en libertad, en armonía con tu ser. Realizar las actividades que te sientan bien, esas que te hacen sentir en paz, a gusto con tu persona, que aumentan tu energía y vitalidad, que te dan alegría. Escuchar, atender esas necesidades, deseos que emanan de un corazón libre, abierto y en armonía. Un trabajo que no debemos desatender, tan esencial como el alimento o el descanso.

El reconocimiento puede ser muy reconfortante cuando se recibe y una trampa cuando se busca. Es mejor no concederle demasiada atención. Lo importante es escuchar tu corazón y hagas lo que hagas, que te haga feliz. ¿Acaso hay algo más importante en esta vida?

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