La Felicidad

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Ese era el tema del retiro de Avihay al que he acudido recientemente. La felicidad parece un tema liviano, como eso casi mágico y divino que ocurre cuando una mariposa se cruza en tu camino. Te detienes en ese momento para contemplar y extasiarte ante tanta belleza, no existe nada más que ese momento sublime, yo y la mariposa. Pero inesperadamente la mariposa levanta el vuelo y se va, desaparece de la vista y con ella la magia del momento. Un instante pasajero como la idea que yo tenía de la felicidad.

Es cierto que existe algo similar a esa idea de la felicidad que es pasajera, como la mariposa. Nos la proporciona el contacto con la naturaleza, el sexo, la música, el enamoramiento, la comida, etc. Uno intenta aferrarse y perpetuar esas emociones para mantener esa idea, esa sensación de felicidad. Pero la felicidad no es eso, así lo he comprendido en el retiro, es algo más profundo, más sereno y constante.

Para empezar es más fácil fijar la atención en esas cosas que nos impiden ser felices. Todos traemos las nuestras. Puede que vengan ya en el nacimiento, puede que aparezcan en la niñez o en algún otro momento de la vida. Pregúntate ¿por qué no puedo ser feliz  en este momento?, esos son tus motivos. Avihay nos ha invitado a entrar en esa causa de sufrimiento, profundizar en ella, aceptarla y abrazarla. Si te entregas a la experiencia igual que un niño pequeño, puedes llorar y patalear de pena o de rabia, eso dura un tiempo, pero finalmente entras en una calma profunda y duradera. Como un niño cuando se duerme después de una rabieta, al final se te queda una sonrisa en la cara y una extraña sensación de bienestar, ya pasó.

A pesar de que entendamos que son pasajeras, ¿por qué nos aferramos con tanto entusiasmo a las penas? Si acepto como un imponderable de la vida que no puedo evitar el sufrimiento, es que ya me estoy condenando a sufrirlo. De acuerdo, el sufrimiento, las penas y el dolor, forman parte de la vida, pero también son pasajeros: “No hay mal que cien años dure”. Pero cuando las intento ignorar, esquivar o huyo, entiendo que desde esa ignorancia les estoy dando a mis penas el poder de controlar mis emociones, entro en el vaivén del columpio: ahora sufro, ahora lo evito. Es mucho mejor entrar, como nos ha enseñado Avihay, en el sufrimiento cuando lo hay, convivir con él cuando nos toca, pero sabiendo que también es pasajero y que en el fondo está la calma y el bienestar. Sin darle al sufrimiento más importancia ni más poder del que le corresponda, entendiendo en cambio que a pesar de todo ello se puede ser feliz.

Ahora intuyo que ese fondo de bienestar es el auténtico don de la felicidad, por saber que ésa es mi naturaleza y donde quiero anclarme más allá de los vaivenes de la vida. Vivir desde ese convencimiento, desde esa claridad, me da una sensación de paz y de ligereza en la vida que me permite poner a un lado los sinsabores, atenderlos pero no cerrarme en ellos, continuar el camino con la mirada atenta a otro sitio: si, estoy aquí, viviendo mi vida como sé y como puedo, pero a pesar de todo no renuncio a ser feliz. Entiendo que es mi naturaleza y mi deseo.

Una vez más, gracias Avihay por esta hermosa lección.

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  1. Es fantástico descubrir estas cosas acerca de la felicidad y el sufrimiento, aunque sea tras más de cincuenta años de vida. Solo falta poner en práctica la teoría.

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