Cultivar mis dones

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Todos tenemos dones, los apreciamos en los niños cuando son pequeños. Dones de distinto tipo: tener un determinado carácter, una cierta habilidad o una característica física. Si creces hasta los dos metros, deberías jugar al baloncesto, pero si eres especial porque tienes una alta sensibilidad, empatía o sentido artístico, lo tienes difícil en nuestro mundo de hoy porque en estos tiempos hay que seguir tendencias, ir a la moda, ser popular.

La educación actual no está preparara para atender las necesidades o talentos particulares de cada individuo, se configura un currículum educativo y los niños se han de adaptar a él. Y si alguno tiene dificultad con una materia, necesitará clases de refuerzo, pero no se valora que destaque en algo, si acaso un docente motivado puede aconsejar a los padres o dirigirles a algún tipo de educación complementaria, que sin duda será costosa para los padres y sacrificada para los hijos. Siendo así la tónica general de crecimiento personal, no es de extrañar que cuando lleguemos a adultos hayamos olvidado nuestros dones, esas características menos visibles para las que estamos especialmente dotados. Me viene a la cabeza el terrible video de “Pink Floyd, Another Brick In The Wall

Yo he olvidado mis dones, así que me propongo un plan para recuperarlos y estimularlos. El objetivo es hacer mi vida más plena y satisfactoria, incorporar a mi vida cotidiana todo lo que mis dones me pueden aportar. Si tengo un don para la escritura, puede que no publique nunca un libro o reciba jamás un premio, pero tendré la satisfacción personal de dar lo mejor de mí y recibir el reconocimiento de quienes lo disfruten.

La técnica puede ser sencilla, hay montones descritas en la literatura de PNL o de Entrenamiento personal (Coaching personal):

1.- Hacer una lista de mis dones.

2.- Describir más exactamente cada uno de ellos, en qué consiste, cómo me veo haciéndolo, qué sentiré haciéndolo.

3.- Elaborar un plan de acción para trabajar y desarrollar cada uno de ellos, valorando posibilidades, dificultades, ayudas que puedo conseguir, personas que me pueden motivar, etc.

4.-  Definir un plan de seguimiento para valorar los avances y revisar las acciones.

La puesta en práctica no es tan sencilla, ya me atasco en el primer punto, no soy tan excepcional, pero aunque no sea un Don don, será un “doncito” 🙂 A ver qué puedo hacer: vuelvo a mi infancia, ¿qué cosas hacía especialmente bien? Otro método: escuchar a los demás, ¿qué aspectos destacan de mí mis familiares, amigos o conocidos? Una ayuda más, puede que algunas de mis cualidades no sean innatas, pero si hay algo por lo que siento un deseo especial, eso con lo que realmente disfruto cuando lo hago, lo que me hace sentir particularmente bien; sin duda eso vale la pena desarrollarlo también. Solo este trabajo, el hacerme consciente de mis cualidades especiales, mis dones, ya es sumamente interesante.

Voy a elegir uno sólo y a empezar el plan, ya os iré contando.

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