Un camino fácil

Estándar

“Las cosas, o salen fácil, o es que no tienen que salir”. Bendita la sencillez la de las cosas que salen fácilmente, ya me gustaría a mí que todo fuese así, que venga todo tan rodado, que con el problema acuda la solución, que la comunicación sea siempre fluida y con entendimiento, que para cada necesidad haya una respuesta y para cada problema una solución. Todo esto hablando del camino personal, claro.

Pero no todo es tan fácil, es más, tampoco creo que pudiera serlo. Si quieres tocar un violín,  terminar una carrera, investigar en ciencia, subir una cima, practicar un deporte de competición, bailar ballet, tantas cosas… sin duda hay que sacrificarse y sudar, mucho y durante años. Entonces, en el día a día, con los retos o los problemas personales que se nos plantean, me pregunto cuál es la referencia que me sirve para discriminar si es necesario esforzarse más, o por el contrario es conveniente abandonar. Cómo distinguir si eso que de repente ya no me resulta tan fácil, tan fluido, incluso cuando resulta tremendamente complicado, cómo saber que la dificultad es un obstáculo que tengo que superar o una pared que me impide avanzar.

Hasta ahora seguía métodos de decisión más convencionales, del tipo valorar pros y contras. Ahora también considero necesario tener en cuenta el corazón. Lo que yo practico es alejar de mi mente por un momento las pretensiones, presiones, condicionantes, todo lo que pueda influir en mi pensamiento, relajar la mente y observar en mi pecho la sensación cuando me veo realizando esa tarea. ¿Hay angustia?, ¿hay ilusión?,  la diferencia es determinante para saber cuál es el punto crítico.

Ciertamente, día tras día me voy cargando de tareas y actividades que no deseo hacer, algunas son necesarias para el mantenimiento de la vida y la convivencia, pero otras muchas se pueden aplazar o simplemente descartar. Hacer una buena limpieza de vez en cuando y despejar la vida de cargas innecesarias, es un trabajo importante porque aclarar el camino crea tiempo, espacio y tranquilidad para abordar las otras tareas. También me resulta eficaz replantear cuál es el plan de mi vida, qué quiero hacer con ella, cómo veo mi vida dentro de 5, 10 años y si ésta tarea contribuye a conseguir mis objetivos.

En realidad no importa tanto si una tarea es fácil o dura, lo único que importa es las ganas que tienes de hacerla. Finalmente se trata de asumir que las tareas lo son por decisión propia, no es mi deseo aceptar trabajos cuando los considero simplemente necesarios o una obligación, porque así pesan mucho más, la vida se convierte en un quehacer sin sentido. Cuando las tareas las hago desde el corazón, entendiendo que es mi decisión, mi deseo, mi plan de vida. Cuando hay un propósito, un aprendizaje, intención, entonces las cargas son más livianas. Si una tarea pesa, hay que plantarse y valorar. La vida es para vivirla con alegría y motivación, hay que disfrutar en todo momento.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s