El juego de las apariencias

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Parece que la vida quiere enseñarme una lección. Algo en estos días hace que venga observado ejemplos de cuanto nos esforzamos por mostrar a los demás una imagen clara de lo que creemos que somos o de cómo queremos que nos vean los demás, en lugar de ser tal como somos. El juego de las apariencias.

Me refiero a cosas como: ‘necesito poner máquinas en mi despacho para que el que entre entienda que trabajo con tecnología de alto nivel’, ‘me visto con prendas de marca para que vean que tengo dinero’, ‘pongo una imagen en mi perfil para demostrar que soy una persona solidaria’, ‘respondo con agresividad para que no me tomen por débil’, ‘sé que esto no resuelve el problema, pero lo haré igualmente para que nadie piense que no me esfuerzo en mi trabajo’…. Apenas dirijo mi atención a esta cuestión y me vienen más y más ejemplos. Es evidente la importancia que tiene para nosotros lo que el otro ve. Y por otra parte, ¿cómo puedo entonces creer yo en lo que me muestran mis ojos? Aún más, ¿en que medida lo que mostramos de nosotros mismos es una creación de la persona, un avatar?

Siendo como son las cosas, resulta inquietante pensar en los criterios que puedo yo estar eligiendo para construir ese avatar, esa apariencia que deseo mostrar. Porque en mi intención inicial probablemente piense que yo estoy determinando lo que quiero ser, pero si examino con cuidado lo que hago, empiezo a entender que para expresarme busco representar la imagen típica, responder a lo que mi entorno entiende clara y directamente. A ver si me explico mejor, si quiero parecer formal, procuraré vestirme con cierta etiqueta y limpieza. Pero eso también significa asumir la imagen social predominante, ¿quien ha decidido que una ropa deportiva no da imagen de seriedad?. Y digo inquietante porque así, sin darme cuenta, entro en el juego de comportarme como la sociedad espera que me comporte y entonces, de alguna manera, dejo de ser quien realmente soy para seguir una corriente que no se quien conduce.

Por otra parte siento que estamos perdiendo la capacidad de ver más allá de lo que la vista y los prejuicios nos muestran. Igual que me creo que soy ese avatar que he creado y nada más, confundo al resto de las personas con su avatar. Estamos asumiendo muy fácilmente que este juego de las apariencias es la vida real, y no lo es. Yo personalmente quisiera saber leer mejor entra líneas, utilizar otras vías de percepción adicionales, como la intuición, la emoción. Sobre todo dejar de juzgar y catalogar rápidamente lo que percibo, porque mi mente está muy acostumbrada a hacerlo. Cuesta trabajo al principio, pero es cuestión de practicar, como todo.

Meditar enseña a relajar los sentidos y la mente, abre un espacio interior de conciencia. Entrenando estas capacidades creo que seré más capaz de ver las cosas como son, sin entrar en este juego de apariencias. No lo veo como un aprendizaje de capacidades extrasensoriales, es recuperar un equilibrio perdido. De tanto trabajar la mente, hemos dejado atrás el corazón. Abre tus ojos, los ojos del corazón y observa.

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