La espiritualidad

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Ahora que llevo un tiempo explorando en los asuntos del alma, observo desde esa perspectiva cómo reaccionamos ante palabras como espiritualidad, divinidad. Es curioso, ahora para mí son normales, pero reconozco que al principio también reaccionaba con cierto reparo ¿Por qué nos rechinan los dientes cuando hablamos de espiritualidad y divinidad, especialmente en relación con la persona? Veamos primero qué dice el diccionario acerca de estos términos.

Espiritualidad se deriva del latín spiritus, que significa espíritu. Pero su significado no está tan claro, se define como los asuntos que tienen que ver con el espíritu, el alma, pero finalmente la explicación entra en asuntos religiosos. Cada religión o doctrina enfoca la espiritualidad a su manera para que los mortales nos acerquemos a Dios.

Divinidad, para entrar en esta tema ya hay que acotar el tipo de religión o creencia. En general lo divino está en contraposición a lo terreno y por tanto es algo ajeno a las personas; algo que está en el cielo, el paraíso, nun, el olimpo, los campos elíseos, etc.

Tengo la impresión de que nuestra historia, cultura y educación actuales han asociado la divinidad a algo que está más allá de nosotros, en los cielos. Y la espiritualidad la asociamos a la aspiración de acercarse a la divinidad, una divinidad lejana y en mucha medida ajena a nuestra existencia. Como si nosotros, pobres mortales, nos tuviésemos que ganar ese derecho, redimirnos de nuestros pecados, karmas, herencias negativas.

Yo ya no lo veo así, no veo la separación, es que no lo siento así. Cuando hablo de la divinidad me refiero a esa esencia que lo impregna todo, manifestado o no manifestado, por tanto forma parte de nuestra propia naturaleza, terrena y carnalmente también. La espiritualidad es para mí como uno más de nuestros sentidos, por desgracia poco desarrollado en nuestra sociedad actual, sin embargo todos la anhelamos y necesitamos. Es ese sentimiento cierto de que estamos acompañados, que hay algo que nos conecta al resto de las personas y al universo, que hay una sabiduría ancestral y profunda que guía nuestros pasos, que existe una conciencia inmortal, amorosa y armoniosa a la que nos queremos unir.

Los que practican alguna religión encuentran un camino ya preparado y unas herramientas que llevan funcionado cientos de años, pero en esa comodidad nos olvidamos de experimentar por nosotros mismos, delegamos ese trabajo. A menudo los practicantes ven con temor y rechazo cualquier propuesta que no se defina por los dogmas aprendidos. Sin embargo, la espiritualidad no es patrimonio de ninguna institución, ni privilegio de ninguna persona santificada o iluminada.

Reivindico el significado personal y libre de la espiritualidad, que cada cuál la busque y la sienta como desee, en el aire, el agua, el prójimo, un símbolo, el más allá, da igual, ¿acaso no está en todas partes? Pero sobre todo sintiéndola dentro de uno mismo, no como un acto de fé. Y defiendo también la divinidad en cada uno de nosotros. Nos manifestamos como seres individuales pero estamos conectados y somos parte de la divinidad, como dice Avihay en el título de su segundo libro, somos “Las caras del Ser”.

Buscadores, investiguemos, que todo es ciencia. Que no lo hayamos catalogado no significa que no exista.

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