La entrega

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Cuando reconozco en mi interior esa certeza que me indica que el camino por el que transito es auténtico, porque entiendo que me motiva y me llena, que me hace crecer en amor, entonces sólo hay una opción: la entrega.

En una aventura sin aspiraciones concretas, empecé a escribir este blog hace ya un par de años; el apoyo de mis compañeros me animó a editar una recopilación en papel, mi primer libro. Y parece que la cosa no se va a quedar ahí. Es una gran satisfacción y a la vez un enorme compromiso.

Es bien cierto que el inicio es turbulento pero también muy motivador, el impulso inicial está lleno de sorpresas y también de pequeñas satisfacciones. La continuidad requiere constancia y trabajo, a veces vienen dudas, pero cuando observo que el trabajo ya adquiere una dimensión apreciable, que hay personas a quien inspira, les motiva o ayuda, eso también recompensa. Pero llega el momento en que el reto exige más, sobrepasar los límites de lo conocido, el riesgo a equivocarme, el temor de fracasar, exponerme a un público más amplio. Lo reconozco, me flaquean las piernas.

Hay una motivación inicial que originó este camino de escritura, la intención de transmitir un aprendizaje que para mi ha sido transformador y que ha enriquecido mi vida más de lo que podía esperar, ni mucho menos imaginar. Eso me parece muy grande, tanto que siento la necesidad de compartirlo, me encantaría contribuir de alguna manera a que este crecimiento personal pueda ayudar a alguien más. Por eso, aunque tenga que aventurarme en lo desconocido, aunque dude, respiro hondo, cojo fuerza, me entrego y confío.

Me gustaría profundizar un poco más en lo que significa para mi la entrega. Entregarse resulta a veces muy dulce, entregarse a unos brazos abiertos y amorosos, flotar en el agua confiadamente mientras sientes los rayos del sol en la piel, abandonarse a un sueño cálido y reparador en la cama. Pero no siempre es tan fácil, por el contrario otras veces es muy exigente. Cuando pienso en algún ejemplo extremo me acuerdo de Jesús en el huerto de los olivos, llorando lágrimas de sangre porque sabía lo que le esperaba y aún así se entregó a su tormento. Eso es entrega absoluta a un ideal, pero es muy extremo, no creo que sea necesario tanto sacrificio en estos tiempos. Hay muchos ejemplos más cotidianos y también significativos, como el de los padres cuando entregan su tiempo, esfuerzo y dinero al cuidado de los hijos, los artistas cuando persiguen una inspiración, los científicos cuando investigan algo que quieren descifrar, los profesionales cuando creen en su trabajo y se vuelcan en él.

No creo que la entrega tenga que ser sinónimo de sacrificio, más bien considero que debe ir acompañada de una reconfortante sensación de recompensa, como indicador de que estoy en el camino adecuado. Por eso me parece importante la actitud que uno tiene en el momento en que la cosa se pone un poco difícil. Hay que tener clara la motivación, los objetivos personales que uno persigue, analizar la dificultad y ver si está equilibrada con los objetivos, si contribuye a la realización de lo que busco conseguir. Si no lo es, se descarta tranquilamente y punto, pero si la dificultad representa un aprendizaje o esfuerzo útil, entonces hay que entregarse, ir a por ello. Eso sí, ya que se puede escoger porque es una decisión personal que tomo desde mi libertad, mejor que sea sin sacrificio, disfrutándolo.

Pasito a paso, desde el corazón, con los pies en la tierra y la mirada en un horizonte infinito. Así es mi camino del alma.

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