Cómo pedimos

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Es curioso cómo funciona el inconsciente. Es mi impresión personal, pero parece que cuando pido “Dios mío, dame paciencia”, o dame fuerza, entereza… a menudo me viene lo que pido, pero no viene sólo sino acompañado de un reto aún más grande. No queda más remedio, hay que seguir pidiendo, más paciencia, más fuerza, más entereza, nunca parece suficiente, hay que seguir trabajando en el tema, cada vez más. Parece una broma pesada del inconsciente que nos pone a prueba haciéndonos trabajar precisamente en eso que estamos pidiendo. Pero, ¡es que la intención con la que lo pedía no era esa! ¿Quién en su sano juicio, cuando está al borde del colapso pide “dame más dificultades”? Pues parece que yo, como muchos. Algo falla en este proceso, entre lo que pedimos y la respuesta del inconsciente.

Cuando observo cómo funciona el mecanismo, lo veo como eso de no pensar en un elefante rosa, si te lo dicen ya lo estás visualizando. O como cuando voy en la bici y veo una piedra; si la miro, pasaré por encima de ella sin remedio. La única manera de esquivar la piedra es fijar la atención en el sitio por el que quiero pasar, en el hueco limpio, sólo así consigo esquivarla. Este ejemplo es el que me conduce a pensar que en general, erramos cuando pedimos. Cuando tengo una dificultad, deseo tener una capacidad mayor para afrontar esa dificultad, entonces pongo el foco en la necesidad de agrandar esa capacidad. Al igual que cuando miro la piedra me dirijo inconscientemente hacia ella, en el caso de pedir, el inconsciente me responde de la mejor manera posible, agrandando el problema para aumentar mi capacidad. Así pues, es verdad, el universo siempre nos da lo que pedimos. Ya lo decían los mayores, cuidado con lo que pides… ¿Y cómo pedir bien?

Es muy interesante leer cómo se describe en la técnica del ‘tapping’ o EFT la importancia de construir las afirmaciones positivas. Veo ahí lo importante que es saber pedir correctamente. Así, cuando me encuentre, por ejemplo, en una situación apurada, no pediré más calma. Construiré una frase del tipo ‘Aunque siento la tensión, me afianzo en la calma que hay en mí’. Detenerme un instante para analizar con cuidado lo que quisiera pedir, me lleva a examinar con cuidado mis emociones, no dejarme llevar por la reacción automática de la mente, que rápidamente quiere juzgar, censurar. Desde la perspectiva positiva cambia el foco, en vez de dirigirlo a mis carencias o dificultades, observo cómo crece la calma en mí, observo la situación desde la tranquilidad y aprendo. No me castigo con sentimientos de culpa, mejor me reconozco lo conseguido y me animo a crecer.

En unos días que llevo practicando esta nueva perspectiva, observo que ha aumentado mi autoconfianza. Ya no pido desde la necesidad, pido desde una capacidad que ya siento afianzada en mí y no la mido, si es mucha o poca. Es un cambio considerable. No pido tanto, pienso en cambio en esos seres celestiales escuchando nuestras súplicas. ¿Cómo se tienen que ver todas éstas demandas desde el punto de vista de la eternidad? Imagino que desde su mente angelical, con infinita ternura y compasión, pero seguro que las verán una nimiedad. Nuestras afanosas vidas y dificultades no son más que un acontecimiento minúsculo en relación con algo tan inconmensurable como el universo y la eternidad. Tanto aumenta mi confianza que ni siquiera veo tan grandes mis preocupaciones.

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