El estrés

Estándar

Una tendencia actual dice que el estrés es positivo. Lo escucho y me saltan las alarmas, me incomoda. ¿Bueno el estrés? Como si no tuviera ya bastante con el que tengo ¡Me sobra estrés! Y ahora me quieren contar que vivir así es bueno, que no me lo creo.

Creo que el tema tiene su origen en una charla TED, en ella la psicóloga Kelly McGonigal explica ’Cómo convertir al estrés en tu amigo’. Me ha costado trabajo escucharla, pero he hecho un esfuerzo. Puedo entender los argumentos de la conferencia, incluso aceptarlos como ciertos. Haciendo un símil del estrés con correr, entiendo que es bueno saber correr, porque así puedo hacer las cosas más rápidamente. Y si por alguna circunstancia necesito dar una carrera, estaré más en forma para conseguirlo y mi cuerpo también más preparado para entrar y salir de ese estado, sin que se resienta el corazón demasiado. También estoy de acuerdo en que es bueno ver el lado positivo del estrés, en vez de combatirlo. Desde luego entrar en la batalla con él, luchar para evitarlo, mantener el enfrentamiento, estresa muchísimo más. Pero lo que no me agrada es la impresión de que la conferencia pretende que nos sintamos cómodos con el estrés en el que vivimos, eso no lo puedo aceptar. En cambio considero muy necesario bajar el ritmo, de una forma sosegada y tranquila, sin causarme más estrés ni sentirme culpable si no lo consigo del todo.

Entendiendo que cierta cantidad de estrés es útil y necesaria en la vida, tal como explica la psicóloga. Sin embargo, desde mi experiencia personal no puedo más que hacer un entusiasta elogio de la lentitud, la quietud y la meditación. Experimentar una calma profunda, bajar el ritmo, me ha ensañado mucho; a distinguir entre lo importante y la inmensidad de cosas superfluas que nos echamos a la espalda, sin necesidad ni beneficio. Cuánto nos esforzamos por resolver cuestiones que no podemos cambiar o que se resuelven solas a su debido tiempo. A mantener una escucha interior para saber lo que siento y observar mejor el entorno.

Encuentro ahora tan necesario tomarme el tiempo de parar, no hacer nada, e incluso aburrirme hasta llegar a sentir aquello que realmente necesitan mi cuerpo y mi alma para estar contentos. Y aún sintiendo que el ritmo es bastante bajo, bajar aún más y experimentar, ¿me agrada?, sigo bajando; ¿es excesivo?, pues entonces ya conozco el nivel de base. El nivel de base no es necesariamente el nivel en el que tengo que vivir constantemente, más bien lo entiendo como el eje sobre el que me muevo buscando el equilibrio entre el estrés y la calma, como una balanza que pivota sobre el centro buscando la estabilidad. La vida diaria me llevará de forma natural a relajarme desde ese punto o acelerar cuando sea conveniente. Ese equilibrio tampoco tiene que ser el mismo para todos, tengo que acostumbrarme a aceptar la diversidad sin etiquetar y sin juzgar, cada cual tiene su ritmo.

Y cómo encontrar el equilibrio. Yo he aprendido a reconocer las señales que me indican que voy demasiado rápido. Cuando no tengo tiempo de saber ni cómo me siento, cuando no consigo disfrutar de las cosas que normalmente disfruto, ese es mi límite. A veces lo sobrepaso conscientemente porque entiendo que hay alguna meta que quiero alcanzar, un sacrificio que considero que vale la pena. Pero si no hay una justificación importante, es el momento de echar el freno.

Por cierto, me encantó el libro de Milan Kundera ‘La lentitud.’

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