Jugando a meditar

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Voy a meditar. Busco un entorno adecuado, una habitación tranquila, ordenada, en silencio, una luz tenue. Me gusta encender una varilla de incienso, una vela, poner una música suave. Encuentro la postura adecuada, que sea cómoda pero no demasiado que me duermo. Me preparo para entrar en mi espacio interior, descansar del bullicio de cada día, conectar con mi espacio interior, mi auténtico ser, dejar que la luz interior ilumine mi corazón, sentir la cálida oleada del amor, descansar en el abrazo de mi guía espiritual, trasladarme a otra dimensión, sentir la unidad con el universo. Si medito más tiempo y con más frecuencia, quizás consiga percibir más, potenciar mis sentidos, realizar milagros.

Cuántas expectativas ¿verdad? Y que serios nos ponemos con el tema de la meditación, casi trascendentales. Cuando hablo de la meditación con mis conocidos, encuentro respuestas muy diversas. Algunos me miran con cara extraña desde la más completa incredulidad; otros están tan necesitados que desean que les cuentes más y más cosas maravillosas, hasta convencerlos de que todo aquello que anhelan creer es real. No quisiera quitarle a nadie la ilusión de que lo que he descrito de la meditación puede ocurrir, porque yo se bien que es muy real. Ni mucho menos decir que no es bueno fijarse metas, el deseo de aprender y mejorar es muy importante. Pero ¿qué pasa si las cosas no suceden como esperamos? Hemos oído tantas cosas sobre la meditación que es inevitable, nos frustramos.

Meditar es una  de esas cosas que no puedes forzar, se aleja cuando lo intentas forzar y entras más en ella a medida que aprendes a soltarlo todo, los sentidos, el cuerpo, la mente, las emociones, los sentimientos, las creencias y hasta la vida misma. Soltar no es despreciar o alejarse de todo ello, es no aferrarse, comprender que todo es pasajero, cambiante. Y no pasa nada porque ese es el proceso natural de vivir, aprender, experimentar. Por eso disfruté tanto de la explicación que hizo Emilio Carrillo en una conferencia a la que tuve el placer de asistir, básicamente es lo que explica en éste vídeo.

Emilio propone patentar el juego de la meditación, es un juego al alcance de todos. ¿Que disfrutas de un entorno maravilloso? Estupendo, pero si no tienes esa ayuda, no pasa nada, también puedes jugar. ¿Que tienes 5 minutos, media hora o el tiempo que necesites? Genial, todo vale. Para jugar solo necesitas activar la intención, respira conscientemente y prepárate para jugar un rato. Y lo mejor de este juego es que pase lo que pase, tú ganas siempre. Si consigues un momento de calma, ganas; si solo llegas a observar ese torbellino loco de pensamientos en tu mente, ganas porque te has hecho consciente de ello. Juega a contarlos, a recordar donde empezaste y a ver donde te llevó, a observar si hay un espacio entre un pensamiento y otro. Que consigues entrar en el ojo del huracán y descansar en él, maravilloso.

Juegas para ganar, pero no para conseguir algo concreto. Creo que cada cual debe centrarse en su propia experiencia y no caer en la tentación de conseguir lo mismo que otros. Puede que el camino de la meditación sea el mío, pero eso no significa que tú lo tengas que vivir de la misma manera, ni tampoco que tengamos que ser todos el Dalai Lama. Quizás tu camino sea otro, somos libres de elegir. Me ha gustado el  juego de meditar. Como decía Groucho Marx, no hay que tomarse La Vida tan en serio, al fin y al cabo nadie sale vivo de ella.

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