El cuerpo es un maestro

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Tal como lo entiendo, el cuerpo físico es el vehículo que utiliza mi ser para vivir y experimentar en este mundo. Es por tanto una manifestación física de mi conciencia personal. Y como tal manifestación, expresa a través de sus células y en su conjunto armónico tanto mi carácter, como mis emociones y mis vivencias. Cuando esa expresión es gozosa no hay problema, pero cuando hay enfermedad ¡Ay!

El cuerpo físico está siempre manifestando, aunque no lo interpretemos, aunque no lo escuchemos, aunque no lo atendamos. Es precisamente cuando hay enfermedad y dolor cuando más insistentemente se manifiesta. Por supuesto que el malestar físico me incomoda y hasta me enfada por no poder hacer las cosas que normalmente haría. Claro que hay un rechazo profundo al dolor y cuando aprieta fuerte aceptaría gustosamente cualquier píldora que me devuelva rápidamente a la normalidad. Pero por más que me cueste, tengo que aceptar que si pongo atención en lo que me está pasando, en qué pudo ser lo que desencadenó el malestar y los efectos que provoca en mi cuerpo, finalmente llego a la conclusión clara de que mi cuerpo es un importante maestro.

No estamos acostumbrados a hacerle mucho caso al cuerpo, en estos tiempos ha habido una tendencia fuerte a encontrar un remedio inmediato para cada problema, ‘tratamiento sintomático’ lo llaman los médicos. Ahora ya se empiezan a tener en cuenta otros aspectos, se habla de medicina integrativa, medicinas naturales, alternativas, de una perspectiva holista, del origen emocional de las enfermedades. Son avances importantes que aún tienen que ganar solidez en nuestra cultura y nuestro sistema sanitario. Lo importante es que si hay interés, uno encuentra los recursos para aprender a escucharse, para trabajar los problemas físicos a un nivel más personal y profundo.

Poco a poco aprendo a entender cómo mi vida y mis circunstancias afectan a mi cuerpo, las cosas cotidianas, los hábitos, mis creencias. Pero no todo viene de mis circunstancias actuales, a veces también se arrastran problemas antiguos, hasta de la niñez. Y más allá de mi propia historia personal, hay una herencia genética, memorias de vidas pasadas. Todo esto en lo relativo a mi persona, pero es que también mi cuerpo manifiesta las influencias del entorno. Las más próximas son las influencias familiares, muy poderosas, luego el entorno laboral y la sociedad en la que vivo. Y finalmente también me afectan las circunstancias ambientales, locales, globales o cósmicas.

Tanto por trabajar que uno se pregunta ¿Y cuando se acaba ésto? Pues mucho me temo que el cuerpo nunca va a dejar de hacer su trabajo mientras haya vida. Por más que uno vaya soltando capas, desgranando traumas o liberando condicionamientos, siempre hay cosas nuevas que aprender. Pero no hay que desanimarse, porque aparte de aprender a agradecer lo que el cuerpo nos enseña, también se van ganando recursos para sobrellevar los problemas físicos y se desarrolla una actitud positiva que ayuda muchísimo. Se aprende a enfocar la atención en lo que importa y no caer en el victimismo, a aceptar las situaciones de la vida y gozar de los buenos momentos. Porque la vida es para disfrutarla, eso no hay que olvidarlo nunca.

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