La fábula del tiburón

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Mi querida maestra Ute me dio a conocer una interesante historia que podéis leer aquí, no sé si tiene un fundamento cierto, de cómo los pescadores japoneses descubrieron que el pescado que capturaban en alta mar y que transportaban vivo, se mantenía mucho más fresco introduciendo un pequeño tiburón en el tanque donde viajaban los peces. La historia la tengo dando vueltas en la cabeza porque me parece bastante inquietante, me incomodan las consecuencias morales de la fábula. Me explico.

Tal como lo plantea Ute, es un bello ejemplo de que el stress puede resultar positivo. Tiene sentido si entiendo que una señal de stress puede ser también un estímulo, una motivación. Bien es cierto que muchas personas necesitan y agradecen los estímulos para avanzar, personas que trabajan mejor bajo presión, que esperan hasta el último momento para hacer las cosas. Claro que los retos y las dificultades son una oportunidad para crecer, pero como ese tipo de comportamiento no va con mi carácter, a mi me extraña y me sorprende que alguien llegue al extremo de meter un tiburón en su vida. Evidentemente uno correrá más si te persigue una fiera que tiene la intención de comerte, pero ¿lo necesitamos hasta el punto de estimarlo positivo?, ¿de verdad puede alguien desear un tiburón en su vida?

Mientras reflexionaba sobre este tema, la vida que es una maestra impecable, me ha mostrado un par de experiencias en las que he podido constatar que efectivamente hay personas que agradecen y buscan al tiburón. Qué enfadado venía mi compañero contando cómo alguien quería boicotear su trabajo, enfadado era lo que yo pensaba, queríamos tranquilizarlo sin mucho éxito, pero es que en realidad estaba muy contento ¡Así trabajaba con más ganas!. “Me encantan las dificultades”, dijo tan campante, “Ahora se va a enterar todo el mundo de la importancia de lo que yo hago”. Ahí está el tiburón, yo preocupándome por la situación y él tan feliz. Y ahora que lo entiendo, me doy cuenta de que incluso si no hay ningún tiburón a mano hay gente que se lo inventa, que va buscando enemigos donde no los hay. Basta cualquier pretexto para entrar en el papel de víctima, sentirse amenazado y ¡A disfrutar del chute de adrenalina!

No es tan agradable sin embargo, reconocer que a veces alguien encuentra en mi persona al candidato ideal para hacer el papel de tiburón. Una perspectiva crítica, exigente, puede ser un don cuando es bien utilizado, pero incluso con la mejor de las intenciones, puede ser también  la oportunidad que aproveche alguien que ande buscando su tiburón particular. Qué magnífico aprendizaje, ahora puedo discriminar cuándo soy yo quien se excede en ayudar o cuando es la otra persona la que me utiliza en el papel del tiburón que necesita. No es grato que en vez de agradecerte un consejo, te acusen de meterte donde no te llaman, pero sin duda duele mucho menos cuando entiendo que no es mi actitud la que provoca siempre el enfrentamiento. Hasta puedo llegar a aceptar el papel de tiburón si veo que el resultado puede ser positivo.

Es tan interesante todo lo que puede enseñar una simple fábula, quizás por eso me gustan tanto las fábulas y cuentos.

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Un comentario »

  1. Hola Olga, me alegra mucho ver que compartimos el gusto por las historias que nos hacen funcionar el cerebro y la pasión por el bienestar que nos causa la práctica del Yoga. Espero que sigamos en contacto.
    Namasté

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