Empieza el curso

Estándar

Han pasado unos cuantos años desde que acabaron mis actividades estudiantiles, pero igualmente mi vida se sigue organizando según ese calendario. El primero del año no es el uno de enero, para mí el año comienza a partir del 15 de septiembre, como el curso escolar.

Y comienza muy bien, habiendo descansado en el período estival. Un descanso físico, porque el calor anima a una menor actividad, pero sobre todo un descanso mental y espiritual. En verano me gusta soltarlo todo (lo que se pueda, claro), actividades, relaciones, pensamientos, inquietudes, rutinas, compromisos. Descansar al máximo de toda actividad programada para dejarme llevar por la tranquilidad, el reposo y entregarme, plácida, simplemente a lo que me apetezca en cada momento.

El verano es un tiempo muy agradable, pero inevitablemente llega septiembre y empieza la velocidad. Comienza el año y empiezo a plantearme cuáles serán mis actividades ‘extraescolares’, por llamarlo así. Me refiero al tiempo de ocio, lo que no es trabajo externo ni trabajo en casa, el alimento del alma. Algo de actividad física, algo de compartir con la familia, tiempo para disfrutar de la naturaleza y la música. También actividades formativas, conferencias y prácticas en los conocimientos sobre la persona, su naturaleza y la salud, tanto física como espiritual. Y cada vez más, tiempo para compartir conocimientos y experiencias con otras personas, acciones de voluntariado.

Se configura el calendario del nuevo curso con cosas interesantes que planeo con entusiasmo, ¿por qué entonces esa resistencia interior?, ¿por qué ese pellizco en el estómago? No tardo en darme cuenta, cada año pasa igual ¡NO CABE EN LA AGENDA! Imposible, no hay tiempo para encajarlo todo. Y para colmo las propuestas imprevistas, ¡me encantaría!, pero es que ya no hay hueco. Ya me conozco y sé que tanta actividad me termina agotando. Si me subo a un tren que me lleve tan rápidamente de un sitio para otro, por más que sean cuestiones que yo interesada y voluntariamente haya elegido, termino por no disfrutar y sin aprovecharlo. Así no compensa.

Es inútil pelear con el calendario, resulta frustrante tener que seleccionar, descartar y planificarlo todo dejando huecos para el descanso. Respiro un momento y me viene al recuerdo algo que quizás leí, decía que no puedes pelear con la oscuridad, empujarla fuera de un lugar; simplemente no es posible, porque no funciona así. Lo que sirve es llevar luz allí donde está la oscuridad, eso lo cambia todo. Esta reflexión me ayuda a entender que no es tan importante planificar y encajar todo a la perfección, no ahora, las circunstancias a menudo cambian. Basta con iniciar poco a poco las cosas, algunas salen, otras se descartan solas, a veces también hay que asumir algún no: no puedo estar en dos sitios a la vez, todavía no 😉

Lo más importante es encontrar siempre el hueco para meditar, si no encuentro hueco, entonces necesito meditar más tiempo. Es fundamental porque ese es el eje que me lleva a mi centro, donde todo se ordena, encaja y aparecen las respuestas. En ese fondo del corazón, donde los pensamientos y quehaceres de la vida cotidiana pierden su influencia, es donde todo cobra sentido. Solo así vale la pena afrontar la vida, momento a momento, gozando cada instante, consciente del presente. Solo importa el momento presente, es que no existe nada más. Simple.

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