Soltar el personaje

Estándar

Imagino que un actor de teatro tiene que experimentar algo similar antes de entrar en escena. Me refiero a soltar eso que pensamos que somos, vaciarse completamente de la personalidad propia para asumir otra totalmente ajena, como quitarse un traje para ponerse otro. Y el papel nuevo que asume el actor a lo mejor le resulta cómodo o no, agradable o desagradable, divertido o muy exigente emocionalmente. Pero igualmente le permite experimentar con aspectos de la idiosincrasia humana que uno no viviría en su experiencia personal, igual que el espectador que presencia la obra que también experimenta con los personajes de la obra.

Meditar también tiene mucho de eso, relajar los sentidos, entrar en un espacio interior dejando la realidad de la que soy consciente en estado de pausa, quitarse por un momento el traje de la persona que creo que soy, para experimentar esa luz en mi interior y el sentir más intimo de mi corazón. También es una experiencia interesante, porque desde ese centro y a la luz de mi conciencia interior, a menudo me doy cuenta de aspectos de mi personalidad con los que ya no me identifico o hasta me incomodan.

Llevar este ejercicio de soltar el personaje a la vida cotidiana es la evolución lógica, pero no resulta tan fácil, es curioso como uno se acostumbra a ciertas actitudes y comportamientos, los hábitos que vamos adquiriendo a lo largo de la vida, eso que llamo ‘mi forma de ser’ y que parece tan difícil de cambiar. Supongo que hay alguna componente física, incluso química del cerebro, que nos hace sentir más cómodos y seguros cuando actuamos desde la costumbre, lo ya conocido y aprendido. Muy interesante la conferencia del Dr. Joe Dispenza ‘Desarrolla tu cerebro‘ donde explica esos mecanismos que nos hacen vivir siguiendo patrones automáticos de comportamiento.

Por eso soltar el personaje me parece un juego interesante y divertido, pero jugar por jugar, no. El beneficio del juego está en hacerlo desde la conciencia de mi ser interior. Cuando reacciono ante una determinada situación, observo antes de actuar esa reacción automática, la interiorizo y siento si quizás me apetece expresar una respuesta distinta. Una vez que decido experimentar con una respuesta diferente, lo hago sinceramente, de corazón, sin fingimiento ni evasivas. Y sigo observando como me siento con esa respuesta, el esfuerzo que me supone asumir una postura diferente, tanto si es de enfrentamiento con un no, como si supone ceder y acoplarse a una circunstancia que no es de mi total agrado.

Es curioso, finalmente me doy cuenta de que no importa tanto la decisión que haya tomado ni el resultado, soltar el personaje habitual me proporciona una impresionante sensación de libertad. La libertad de ser en cada momento lo que desee ser, sin la preocupación de mantener una imagen habitual. Es muy bonito amanecer cada mañana libre para ser lo que quiero como un ser que acabara de nacer a la vida, incluso nacer en cada momento, exhalar y ser una persona nueva. Me hago consciente de que la personalidad es algo tan mutable como la ropa, lo realmente importante es conectar con la auténtica esencia de mi persona y tener el valor de escoger el comportamiento, la actitud más acorde con mi sentir. ¿Será eso el libre albedrío?

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