El observador

Estándar

Cuando desde la meditación mindfulness se habla del observador, quien no conoce su significado o no lo practica, tiende a interpretar que el meditador pretende alejarse del mundo y observarlo sin intervenir, sin involucrarse. Para mi no es eso. Eso es identificase con la persona, pretender que tu eres eso que vive y que te puedes aislar del mundo que te sostiene, enfocándote sólo en la experiencia personal, carece de sentido.

Esta es una de esas cuestiones que se puede explicar de una y mil maneras, sin que quien lo lea llegue a comprender del todo. Igual que explicar un color o una sensación, si en la persona que escucha no hay un sentimiento o experiencia similares no se puede entender. No obstante yo voy a aportar mi particular punto de vista.

La experiencia de la meditación me lleva a darme cuenta de que mucho de lo que consideraba mi persona, eso que creo que soy, son meras influencias externas, influencias culturales o familiares, lo que me han enseñado o lo que he heredado. Mis circunstancias, una combinación de lo que me ha tocado vivir y de lo que yo he elegido a partir de mis decisiones personales. La experiencia de meditar me enseña a abrir un espacio entre todas estas circunstancias y ese yo que las observa. Un espacio de libertad que me permite tomar conciencia y capacidad de control sobre cosas que antes consideraba parte esencial de mi propio ser,  por tanto inmutables, pero ahora veo que no. Mis ideas, creencias, costumbres, preferencias, gustos, actitudes, emociones, sentimientos, todo esto está inevitablemente condicionado, no soy yo. No es ninguna novedad, la ciencia lo conoce sobradamente y se utiliza para la enseñanza, la publicidad, la manipulación.

Meditar es hacerme consciente de que tras ese personaje que experimenta la vida, hay algo más. Algo que alimenta y conduce esa experiencia. De que tengo la libertad de elegir y cambiar lo que creo que soy y como vivo la vida hasta un punto que aún no he terminado de imaginar siquiera. Experimentarlo es un proceso que uno recorre poco a poco, donde va poniendo luz a la ignorancia de identificarse con las circunstancias del entorno y del propio cuerpo, nuestra realidad física. Lo realmente importante del proceso es encontrar que siempre después de cada nuevo descubrimiento sigue habiendo algo que entiende, experimenta y aprende, el observador. Es algo cuya naturaleza no soy capaz de asumir pero lo siento o lo presiento como una energía, una luz, una presencia interior. Desde ese observador contemplo los acontecimientos de cada día, los efectos y el comportamiento de mi cuerpo. A veces cuando observo mis reacciones elijo cambiarlas, otras veces me dejo llevar simplemente para observar lo que pasa, a donde me conduce mi reacción inconsciente.

Hacerme más consciente de lo que no soy, vivir cada vez más desde la conciencia de ese testigo, no me separa de la vida, de las personas o del planeta. Muy al contrario, me une más a todo porque todo parece formar parte de mi misma esencia. Me hace apreciar más la vida como algo maravilloso, un milagro. La vida ya no es algo tan mecánico, automático e inevitable como nuestra mente predecible pretende, si le dejamos tomar el control.

El meditador no se separa de la experiencia para evitarla, sólo se aleja lo suficiente para entenderla con claridad y experimentarla desde la libertad, consciente y plenamente. Es entonces, al salir del torbellino de los acontecimientos cuando el observador se hace consciente de sí mismo y de cómo desea experimentar la vida. Así lo entiendo yo en este momento.

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