Un encuentro sorprendente

Estándar

A veces ocurren cosas sorprendentes. Tenía que recoger el coche del taller y como me tocaba esperar un ratito, entré en un bar cercano. Mientras me tomaba un café, la camarera se anima a comentar el tiempo, cómo afecta a la salud, sus problemas de espalda y lo que le cuesta relajarse. Bueno, hasta ahí normal. Apenas hice más que asentir cuando de repente se pone más seria y me dice: “A lo mejor te resulta extraño que te lo diga, pero además de quiromasajista, soy una persona que trabaja mucho con la espiritualidad, conozco el Reiki y sé muy bien como relajarme”. Ahí ya se me activan las alertas, esto no puede ser casual. Que en el sitio y en el momento más inesperados aparezca la oportunidad de intercambiar este tipo de experiencias, merece una atención especial. Tiene que tener algún significado profundo, por eso comparto la esencia de esta conversación con vosotros.

La chica me hablaba de cómo el trabajo, los problemas, la vida, necesitan de tanto esfuerzo y dedicación. También del cansancio y el estrés que acumula a lo largo del día. Me contaba que hasta que llegaba a casa y en circunstancias muy especiales de silencio, tranquilidad, no conseguía relajarse. Primero hablamos del cuerpo, la tensión y el cansancio, ella hablaba de las lesiones como algo muy difícil de mejorar. Yo le contestaba que desde mi experiencia con los problemas de espalda, más que procurar aliviar las tensiones y molestias acumuladas durante todo el día con un buen masaje o yoga, que por supuesto que sirve, para mi es mucho más eficaz intercalar pequeños momentos de descanso y estiramientos a lo largo del día. Con el tiempo me doy cuenta que estos pequeños gestos contribuyen a prevenir las malas posturas y las contracturas, así que probado queda que prevenir es mejor que curar.

Luego la conversación pasó al aspecto de la relajación y la meditación. Igualmente intenté transmitirle que para mí un aspecto importante de la meditación es conocer mi estado natural, despojándome de los condicionamientos, las tensiones, el quehacer diario cuando lo tomo como una obligación. Una vez que recupero la paz y la calma, el centro de mi ser, ¿que sentido tiene dejarme arrastrar de nuevo por el torbellino de una vida sin control? El reto es llevar ese estado meditativo a cada instante y situación de la vida cotidiana, y no me refiero a la quietud y la relajación, me refiero al estado de claridad en la conciencia, al control de la voluntad propia, el equilibrio y la armonía. Se puede meditar sentado o corriendo una maratón, no es lo que haces, es la actitud desde la que lo haces. O al menos intentar aprovechar las pausas a lo largo del día para traer calma y relajación, aunque sean solo unos minutos. Como le dije a ella: “ahora que te vas a poner a hacer la paella, prueba con este pequeño reto, observa si puedes poner atención en tus gestos y posturas para que no te tensiones, intenta respirar profundamente y calmadamente, intenta disfrutar de lo que haces. Si al terminar la paella has conseguido un poquito de lo que buscabas, ya tienes un beneficio, hazlo cada vez un poquito más y cada vez te resultará más fácil. Si un día no te sale, no te culpes, no pasa nada, lo intentas al siguiente”

Me sorprendo cuando me veo dando éstos consejos, me doy cuenta de cuánto he aprendido en éstos pocos años y de lo mucho que he cambiado. ¿Por qué no nos enseñan esto ya desde el cole?

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