Es muy fácil

Estándar

¡Es que es muy fácil! Para cualquier problema o dificultad, no importa el tamaño, solo hay que entrar en el corazón y sentir cual es mi necesidad, cuáles son las dificultades. Así de simple ¿por qué lo complicaré tanto? Como los gatos que dan unas cuantas vueltas en círculo antes de sentarse, así cuando tengo algún conflicto o problema le doy vueltas y más vueltas, pero cada vez me parece más difícil.

A lo largo de la vida he ido acumulando experiencia y sabiduría, aún así me doy cuenta de lo fácil que me resulta olvidar lo aprendido. Sé que si camino al menos media hora al día, mi espalda me lo agradece, pero en cuanto deja de molestarme las espalda me olvido de los paseos y me ocupo con otras cosas. Luego, cuando empiezan los problemas me empiezo a preocupar, será esto o lo otro, tendré que ir al médico, hacerme pruebas. Igual me pasa con otras cosas que aprendí y que me sirvieron durante un tiempo, cuando las necesitaba, luego las he ido olvidando. En la creencia de que ya no las necesitaba, he minusvalorado su fuerza. Parece que con cada situación tenga que buscar nuevas soluciones para los nuevos problemas. No siempre es así, las cosas sencillas, las más básicas son casi siempre las que mejor funcionan.

Es muy fácil, respirar, dejar los pensamientos relajarse y caer, poco a poco, respirar, soltar las preocupaciones, simplemente centrarme en la paz interior y sentir, sentir en el corazón, sin juzgar, sin intentar comprender, sin involucrarme. Usando la respiración como una bomba que insufla espacio interior, calma, claridad, luz. ¿Cuál es mi auténtica necesidad?, ¿Cuál es mi deseo? Primero solo uno, luego seguiré con los demás. Conocer mi necesidad desde el sentir, es lo esencial que hay que descubrir. ¿Cuáles son los obstáculos? ¿Qué me impide realizar mis deseos? A partir de que observo la situación, encuentro fácilmente las herramientas y recursos necesarios para saber lo que tengo que hacer, ya los conozco, seguro que a lo largo de mi vida ya tengo aprendidos más que suficientes.

Es muy fácil. Solo hay que sentir. Nacemos con ello, cualquier niño sabe lo que quiere, pero nos hacemos mayores y nos distraemos con otras cosas, con lo que tengo, debo, me han dicho o he aprendido a hacer. Con lo que es supuestamente correcto o adecuado. Olvidando lo que más importa por encima de todo, que es ¡Ser feliz!

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