Pedir ayuda

Estándar

Es la rueda de la vida, samsara, lo que Avihay llama el eje horizontal, el quehacer de cada día junto con los acontecimientos, mis acciones, mis reacciones, las emociones, los deseos. Todo eso es el fluir de la vida, a veces gozosa y armoniosa, otras veces la rueda parece que coge fuerza y cuanto más rápido gira, más fuerza coge, más pesa.

Entiendo que haya quien viva solo a lo largo de éste eje horizontal, haciendo de ello su propósito, esforzándose por que todo cuanto se nos plantea en el camino tenga éxito, por sobrellevar el peso de la rueda haciendo de ello un triunfo. Pero a mi eso no me satisface, ya no, cuando veo que la rueda me atrapa en su inercia, no me siento bien. Necesito ese eje vertical, soltar el lazo que me ata a la rueda o al menos aflojar, para dejarme caer hacia el centro, el espacio interior,  el corazón, la paz. O bien subir hacia la espiritualidad, la trascendencia, la conexión con el todo. Necesito las dos dimensiones.

Y a veces no consigo aflojar la tensión, la cuerda se tensa y ya desafino, tanto se está tensando estos días que está a punto de partirse. Me pregunto por qué están ocurriendo tantas cosas en este preciso momento que me llevan a la crispación. Y cuando creo que ya no puedo más, caigo en la cuenta de que no se me ha ocurrido pedir ayuda. No hay necesidad de llamar a ninguna puerta, simplemente activar la intención desde mi interior. El cambio llega cuando dejo de empujar la rueda a toda costa, para detenerme a exclamar ¡Ayuda, por favor! Y la ayuda viene, se tiende una mano amiga con sabios consejos, veo situaciones en otras personas que me sirven de ejemplo, aparecen alternativas. Y sobre todo, la bendición de las pequeñas cosas, las más sencillas. Un momento de paz, algo de luz, un bocado de chocolate, el abrazo y cariño de las personas más próximas.

Llega el momento en que aparece el entendimiento y entiendo el por qué de lo que pasa. Cuando llega esa claridad, me doy cuenta de que todo lo que ha pasado me ha servido para comprender que aunque progrese en la vida, siempre aparecen nuevos retos en forma de dificultades, puede incluso que antes estuvieran allí, pero me resultaban imperceptibles, inconscientes. Ahora se presentan para poderlas entender y aprender liberarme de esa carga.

La vida no es un atropello, la rueda no te tiene que pasar por encima, es para disfrutarla. Cada uno elige la carga que lleva en ella, pero que sea gozosa. Cuando no lo es, es solo una lección más que toca aprender, suelta peso, no pasa nada. Y siempre aprendiendo, por suerte eso nunca se acaba.

Uno de los ejemplos que me ha inspirado es el de mi apreciada Maestra de Corazón, Belén Piñeiro. Aquí os lo dejo, para que lo disfrutéis.

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