La familia

Estándar

Es un tema tan delicado como relevante: está claro que la familia es un componente poderoso en el desarrollo de nuestra vida. No resulta fácil percatarse de ello, porque cuando nacemos nos concebimos como individuos únicos y especiales, crecemos ejerciendo nuestra independencia y nuestra libertad para elegir el camino de vida que deseamos. Sin embargo, nacemos de una familia y luego normalmente creamos otro grupo familiar, perpetuando así una línea de evolución. ¿Hasta qué punto permanecemos ligados a la influencia familiar en nuestra vida o somos libres como individuos?

Me resulta evidente, por ejemplo, que unos padres que demuestran confianza en las decisiones y capacidades de sus hijos, fortalecerán su autoestima y seguridad. Por otra parte, unos padres temerosos pueden alimentar la inseguridad y limitar la capacidad de desarrollo de sus hijos. La influencia de los padres en nuestro desarrollo, el ambiente familiar, las creencias y la cultura nos impactan directamente en nuestro crecimiento como personas. Pero también la herencia genética, mi cuerpo es una consecuencia física de mis padres y por tanto reproduce en muchos aspectos la constitución de mi familia, tanto para lo malo como para lo bueno.

Si es así con lo orgánico, me pregunto hasta qué punto ocurre también con lo mental o emocional. Sin duda habré heredado carácter, gestos, costumbres, experiencias, memorias… En eso consiste la evolución, pero ¿se pueden heredar también recuerdos, emociones, gustos, preferencias, miedos o traumas? Aspectos de mi personalidad que yo considero como algo propio, pueden tener un vínculo familiar, puede incluso que formen parte de la experiencia personal de mis abuelos, bisabuelos, a quienes ni siquiera traté o conocí. Hacerme consciente de ello es un primer paso importante para comprenderme mejor y liberarme de esos lazos inconscientes, evitando también continuar con la transmisión a las siguientes generaciones.

Apenas empiezo a comprender cómo impacta la historia familiar en mí como persona, y también me cuestiono en qué medida se produce el efecto inverso. Cómo mis circunstancias personales pueden llegar a influir en la familia. Obviamente, si yo sufro dificultades, mi familia también sufrirá conmigo. Es tan inevitable como inútil, porque no se puede repartir el dolor ni el sufrimiento, sufrir por los hijos no les ahorra sufrimiento a ellos, quizás aún lo empeore. Resulta más fácil entender el mecanismo de transmisión de los problemas, pero ¿y las alegrías? En qué medida mi felicidad, mis logros, mi aprendizaje, mi alegría pueden impactar en la familia, tanto en la descendencia como en los ancestros. Si este mecanismo existe, mi experiencia vital ya no es un asunto personal, estaríamos hablando de algo así como un karma familiar, una conciencia familiar que evoluciona como entidad en la medida que evolucionan cada uno de sus individuos. Algo así como lo que en psicología llaman el inconsciente colectivo, pero más pequeño, más familiar. A mi me parece fascinante.

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