El camino del corazón

Estándar

He probado ambos extremos: abordar las dificultades en la vida desde el intelecto analizando la situación, pros y contras, esquemas para la toma de decisiones, reevaluación de la situación, análisis de los resultados. Un abordaje activo y esto funciona. También el extremo opuesto: renunciar a cualquier comprensión racional, la aceptación total de la situación y de las circunstancias, el desapego de las emociones, detenerme y fluir con la vida sin esperar nada. Y también funciona. Son dos herramientas útiles para caminar por la vida y resolver dificultades, las pequeñas se resuelven fácilmente, sin embargo hay veces que aplicar las herramientas no resulta suficiente, siento que en mi interior queda un poso de tristeza, o también como una nube gris que me envuelve y me hace ver el mundo oscurecido. ¿De que me sirven estas técnicas si el resultado no me hace feliz? No soy un autómata o un zombie, soy un ser vivo, palpitante y sintiente. Necesito atender las demandas de mi corazón para que mi experiencia vital sea plena y satisfactoria.

Entre lo mejor que me ha enseñado la meditación, está el ser capaz de entrar en el corazón y sentir (parece que he dicho algo trivial, pero para mí era algo dificilísimo). En este caso para sentir cuál es la causa de mi infelicidad, sentir cuál es mi necesidad, la respuesta se muestra clara y resulta evidente. El corazón me muestra lo que necesito experimentar y eso no me lo aportan ni el intelecto ni el desapego, cuando ambas técnicas se aplican solo desde la mente y la voluntad.

Según las enseñanzas de los maestros, lo ideal sería aprender a morar siempre en el corazón, que nuestra vida sea una consecuencia armoniosa del sentir, pensar y luego actuar, o más bien interactuar en un entorno donde todo es yo porque yo soy todo. Personalmente me siento más bien como un pez que nadara en el océano; a veces en una zona conocida, otras explorando lo ignoto, a veces en la superficie donde según el día hay calma u otras tempestad, otras veces en el fondo profundo donde parece que nada llegue a afectarme. A veces en armonía, otras a merced de los elementos, en ocasiones identificándome con mi experiencia vital y percibiendo el todo en momentos especiales de lucidez y esplendor.

Llegar a tener conciencia del todo no parece ser una garantía de que en el futuro podamos permanecer anclados en él, entiendo que esto es un nivel para grandes maestros. Los que estamos en el camino del aprendizaje, a mi entender, tenemos que buscar el anclaje al ser en cada momento y si la vida nos aleja de él, se vuelve y no pasa nada. No importa tanto cómo me mueva por entre las circunstancias de la vida, siempre que tenga en cuenta el sentir de mi corazón. Al corazón no lo puedo convencer con estrategias o argumentos, que probablemente atienden a preferencias culturales o sociales más que a mi propia necesidad. Tampoco lo puedo ignorar refugiándome en el silencio interior, eso es una forma de evasión, no de afrontar el problema. Si mi corazón reclama que viva una experiencia, da igual si es conveniente, práctica, placentera o todo lo contrario, es mejor escucharlo y ver por donde me lleva. Bienvenido sea, sin duda será algo que me ayude en mi evolución. El corazón es para mí como una brújula que me guía por el camino del vuelta a la armonía y al ser.

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