Se acabó el verano

Estándar

Y con el verano se acabó también ese tiempo que me había dado de descanso, de abrir hueco para poner en pausa todas aquellas tareas cotidianas, de abrir espacio en el tiempo para descansar el cuerpo y relajar la mente.

Ha valido la pena y bien podría prolongarlo un tiempo, pero lo cierto es que ya tengo ganas de hacer cosas. Llega el momento de retomar las actividades habituales: la familia, los deportes, la música, los amigos, los asuntos de la casa, ¡rápidamente se llena la agenda! y resulta que así, de sopetón, los próximos 15 días ya están ocupados. Aún no ha comenzado la actividad y ya empiezo a sentir el desasosiego que me produce esta sensación de falta de tiempo, de caer en una red de tareas que me atrapa sin posibilidad de movimiento. Respiro profundamente y busco la paz en mi interior, todo puede pausarse de nuevo. ¿Por qué esa inquietud? ¡Si estaba deseando retomar las actividades!

Desde mi paz interior aprendo eso que se llama fluir con las circunstancias, que en mi caso consiste en tomar conciencia de que tener una lista de cosas que deseo o necesito hacer más grande que el tiempo disponible, no es un problema en si mismo. Más bien al contrario, es una gran alegría tener ilusión, sentir curiosidad, disposición y ganas por hacer tantas cosas. Si no se pueden hacer todas, pues no pasa nada, poquito a poco irán saliendo las oportunidades​, planeo las que me convienen y no me preocupo de la agenda, me abro a la posibilidad de cambiar o cancelar algún plan cuando surja algo inesperado. Teniendo previstas las cosas que están planeadas para el futuro, fijo mi atención en el momento presente, no miro más allá de hoy, no quiero que la preocupación por el mañana me distraiga de disfrutar plenamente las actividades actuales.

Desde mi paz interior acepto las circunstancias que yo he elegido, las actividades que me he propuesto realizar y elijo vivirlas desde el gozo, la alegría y el amor. Con el deleite y la pasión con las que me propuse emprenderlas. ¡No renuncio a eso! Es que si no es para disfrutar, no vale la pena hacerlo.

Y sobre todo tengo muy presente la necesidad de tomarme un tiempo diario donde soltar de forma consciente toda la actividad, para poder descansar en la paz profunda. Tiempo y espacio para reconocerme en mi esencia, más allá de las circunstancias que constituyen mi vida. Y disfrutar de la alegría simple de vivir, ser y estar. Sólo desde esta separación de la actividad cotidiana puedo sentir verdaderamente que soy yo, desde mi voluntad, quien experimenta la vida y no al revés, que la vida es una sucesión de cosas que me vienen.

Empieza un nuevo viaje, ahora casi son otras vacaciones.

 

 

 

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