Dar y recibir

Estándar

Entré en el voluntariado por el impulso, casi podría decir, por la necesidad de compartir los conocimientos y experiencias maravillosas que me han ayudado a tener una vida más plena y más consciente. Igual que he oído decir a muchos, os diré que siempre recibe uno mucho más de lo que da, en este sentido el voluntariado es una tarea muy gratificante.

Sin embargo no es una empresa exenta de peligros. No lo voy a negar, es una dedicación complicada de asumir cuando uno ya tiene sus propias tareas. Además, si te implicas personalmente en ello, corres el riesgo de volcarte en exceso, incluso hasta el agotamiento. También desde el punto de vista emocional, te puedes estar implicando más de lo que es conveniente para tu propia salud y equilibrio, cargar con los problemas, dejar que te afecten en tu vida. En parte, esto me parece inevitable, va con el paquete.

Por lo que observo, hay distintas maneras de afrontar el desempeño en el voluntariado: bien mediante una entrega y dedicación absolutas, dejarse impulsar por la pasión, nutrirse de los resultados. Llevado al extremo, incluso identificarse con la misión y dedicar la vida a ello. No me cabe duda de que esta vía puede resultar muy gratificante. Pero también implica una dependencia, estaré bien en función de que mis proyectos vayan bien. Condiciono mi bienestar al resultado del servicio.

Otra vía, y es ésta la que personalmente me estoy trabajando, consiste en abrirme a compartir desde el respeto al camino y evolución de las otras personas, ofrezco lo que tengo pero no me implico en el resultado. Ayudo con lo que puedo, pero dejo en manos de la otra persona el que le sirva o no. Pero también y más importante, desde conocimiento y el respeto de mi propio camino y evolución.

No me resulta fácil, lo reconozco, las circunstancias terminan afectándome en alguna manera. Empiezo a darme cuenta de que en la medida en que adquiero un compromiso con las personas a las que ofrezco ayuda, también es necesario asumir la responsabilidad más importante, que es el propio bienestar. Empiezo a ver que esto requiere un trabajo interior adicional para procesar de forma saludable las circunstancias que acepto compartir. La entrega a compartir experiencias y evolución, de impactar en mi entorno o influir positivamente en alguna persona,  puede ser un regalo maravilloso en la vida, pero si no soy capaz de gestionarlo bien me puede terminar “quemando” o alejándome de mi propósito de vida.

A nivel práctico, esto significa:

  • Aprender a gestionar el tiempo, respetando el tiempo que necesito para mi bienestar personal así como para el bienestar de mi entorno familiar y social.
  • Aprender a gestionar la energía del cuerpo, saber dosificar y descansar para recuperarme.
  • Mantener una conexión permanente con el sentir. Sin ese anclaje al corazón, no me es posible conducir mi vida por el camino adecuado.

Así, espero seguir ofreciendo y disfrutando de la sonrisa 🙂

 

 

 

 

 

 

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